Críticas sobre El huésped.

"El tuerto Narciso": Juan Carlos Ramiro Quiroga.

"El tuerto Narciso
1. Como el Ulises de Joyce, el Narciso de Gary Daher Canedo -vaya a saber porqué razón- tiene 24 horas de vida. Un tiempo tan largo como para dar explicación “poética” de su paso por este mundo o de su tránsito al otro mundo.
2. La suerte de la figura poética —dibujada en “El viaje de Narciso” (2009) de Daher Canedo— es menos fatídica que la del personaje mitológico griego y más reposada que la del señor Bloom por Dublín.
3. Héroe de la imagen y sobre todo del reflejo, el Narciso de Daher Canedo jamás se hunde o pierde en sí mismo. Antes es un cántico a lo alto. Es decir, la figura evade el factum (el reflejo maldito de su imagen) con agradable sabiduría.
4. Lo que Narciso observa no es su propia imagen, sino la imagen de su circunstancia: el reflejo de la mar en calma y lo que guarda la imagen misteriosa de lo alto (quizás el paradiso) adonde parte casi guiado por un ángel de luz.
5. Un adagio dice que en tiempos de desgracia el tuerto es rey. En el libro de Daher Canedo esta sentencia cobra singular fuerza expresiva, porque el Narciso trepa o mejor transita entre lo bajo y lo alto “con un ojo cerrado/ y el otro apenas abierto” en su condición de náufrago a la vera no de un río sino de la mar de la existencia.
6. Como toda imagen de ensueño, Narciso se proyecta hacia lo alto. No es arrastrado por su propia imagen (no está enamorado de sí mismo) ni se hunde en sí mismo para yacer en su propia mismidad (el colmo de la egolatría).
7. Al contrario, su razón de ser o mejor su pasión medular es, reitero, el tránsito de lo bajo hacia lo alto. El salto de Narciso —aquí cambia matriz de la mitología griega— es hacia la naturaleza espiritual o, en otras palabras, hacia el Paradiso.
8. El Narciso de Daher Canedo no está enamorado de sí mismo. He aquí la clave central del “Viaje de Narciso”: está enamorado de lo que está “fuera” de su ego.
9. Esta suerte de reposo y de apertura, que el libro de Gary Daher Canedo muestra con total franqueza poética esboza otro semblante de Narciso: ya no el sempiterno muchacho cuya belleza raya en la egolatría, sino aquel personaje que ha despertado de esa insensibilidad mortuoria.
10. “El viaje de Narciso” (2009) es la metáfora del despertar. En otras palabras, el poemario de Daher Canedo está herido de consciencia, de luz y de substancia. Es decir, de amor a la vida.
11. Imposible no ponderar esta entrega verbal en la que su autor acepta el dictado original de las palabras y eleva un cántico “precioso” a la existencia, a eso que hemos sido, que somos y que seremos en 24 horas. Ni más ni menos."
Juan Carlos Ramiro Quiroga
La Paz , febrero de 2010

"Los Viajes de Narciso": Gabriel Chávez Casazola.

"Los Viajes de Narciso
No es esta la primera vez que me toca presentar un libro de Gary Daher, aunque la ocasión inaugural transcurrió bajo otro cielo y en torno a los fríos pasillos septentrionales de su novela El huésped, aquella surreal y a la vez hiperrealista pieza de ficción que continúa escapando a la habitual (y manida) taxonomía de las letras nacionales.
Hoy en cambio nos reúnen la poesía, que no es poca cosa, y el cielo de Santa Cruz; a cuyo húmedo abrigo este escritor boliviano eligió transitar y crear hace ya varios años, pues como él mismo explica en su Alegato de la Mundología (que debieran leer aquellos que a menudo intentan recortar su identidad atribuyéndole uno u otro lugar de nacimiento), esta ciudad, más allá de las palabras y su lógica, (…) posee la atmósfera, el golpe de aire que le regresa siempre a casa. Una casa que, en definitiva, como quería Heidegger al aproximarse a la obra de Hölderlin, no es otra que el vívido mar, indómito y oscuro, del lenguaje.
En ese mar a menudo turbulento, a lo largo de años y textos: Poemas y silencios, Los templos, Desde el otro lado del oscuro espejo, Errores compartidos, Cantos desde un campo de mieses, Territorios de guerra, Gary Daher poeta fue buscándose a sí mismo sin saberlo, desencontrado Ahab en pos de la ballena blanca, ojo amarillo y feroz que mora el alma.
Se extravió en los ríos de enmarañadas orillas y en la selva, sumergido por múltiples yo mismo; arrodillado, quiso descalzar a la dama del antiguo paraíso de que hablaba Gonzalo Rojas; tentó una y otra vez, no podía ser de otra manera, destruir la roca de Sísifo; y amaneció una y otra vez, tampoco podía ser de otra manera, en una bodega de la calle Goitia; tuvo, al cabo, como única fe, la puerta del incendio.
Por fin, quiso el Buda que en la frontera de sí mismo, ya en camino a Samarcanda (o de Damasco), el poeta presintiera a su cuerpo libre del hueso que lo cubría, como la oruga expuesta; y quiso el Buda también que no muriera secándose en la hoja de la mora (o de la higuera estéril) y pudiera transformarse en flor de fruto, como hubiera escrito Rosso Orozco.
Tal es, en trazos apretados y sucintos, la estela del alumbramiento de este libro.
Si Territorios de Guerra dejaba suspendida en vigilia, al filo mismo de consumarse, la promesa de una realización más elevada, inminencia de aquella flor de fruto, El viaje de Narciso cumple definitivamente esta promesa y marca la trasmutación de toda una poética (y la transmutación, claro es, del poeta).
El viaje de Narciso, en el sentido hermético de sor Juana y de Lezama Lima, es un camino circular que baja del alma a la materia —en contemplación de vano reflejo y descenso enamorado a habitarlo—, para más tarde —naufragio, combate, re/conocimiento, un refocilo de violenta luz— elevarse desde la materia al alma, en contemplación, ahora sí, de la verdad interior: revelación, unyo mistica, vuelo.
Es también, pues, un viaje al origen de las cosas, a su conciencia, y qué es un poema sino la conciencia de las cosas, se pregunta el autor.
Ayer, cautivo en las aguas del espejo, animal perdido, extraño compañero, Narciso no podía dejar de pensar en el misterio -quien se ha acercado al misterio de la rosa no puede dejar de pensar en la rosa; todo trabajo del sol guarda misterio-, mas a la vez no oía el canto, su música escondida, olvidado como estaba del sonido y de la noche.
Y ahora, cuando al fin ha perdido y ganado la batalla contra sí mismo —pues con razón me vencí, no siendo nadie conmigo y vos y yo contra mí, estoquemos con Manrique—, Narciso puede por fin comprender y pronunciar las cosas esenciales, acaso más próximo del jardinero que las riega a menudo que del poeta que no siempre supo escucharlas:

Entre la fuente y la rosa
surge un diálogo profundo
y el poeta no sabe
copiar esas palabras
forjadas
en el fuego de la vida y con el agua.

Sólo el jardinero comprende
ese amor
y con la mano
riega el rosal
que en secreto crece.
.
***
Quien no se acerca no conoce
la íntima belleza
la comprobación sublime de la presencia
habitante del jardín
mientras el cirio encendido permanece impasible
y la copa de agua espera.

Sólo la profunda humildad mueve la llave correcta
y el jardín se abre
con sus innumerables fuentes sus flores
sus hermosos y esforzados cedros y esa senda serpentina
que nuestra sandalia huella
paso a paso
por la ladera

mientras el águila en el cielo vela
y nuestro corazón golpea
cuidando no manchar la lavada túnica
con la oscura tierra de la ventolera.


Es que Narciso —o Gary Daher: quién es aquí Tat y quién Hermes— está de vuelta.
Y, albricias por ello, en la lavada túnica de su nueva poesía el cielo nace por todas partes."
Gabriel Chávez Casazola
Santa Cruz, octubre 2009 / febrero 2010.

"Territorios de Guerra" (Contratapa): Ariel Pérez Rosas.

"Afín a una escritura que se ubica a en el ámbito de lo esencial, Gary Daher nos entrega en “Territorios de guerra” un mundo poético donde se mezcla lo místico y lo trivial. Una cita, una invitación a recorrer un camino ascendente y descendente a la vez, que aún siendo propio, no puede ser transitado sin la vital presencia de una mujer.
Empero, en “Territorios de guerra”, son mujeres distintas las que están presente en ese recorrido. En dirección ascendente (lo místico), una mujer de la cual el poeta dice: “Aquí todas las cosas llevan tu nombre”; contigo -parece decir-, me atrevo a “matar y morir entre tus brazos”. Por el contrario, en dirección descendente (lo trivial), la presencia femenina se relaciona con un “mundo (…) tan pedestre que la trascendencia se reduce a un mirar por la ventana la rama desnuda”.
Pero que el lector no se engañe, ese territorio de guerra del que nos habla el poeta no es otro que su propio cuerpo, el que “libre del hueso que lo cubría / como la oruga expuesta / no tiene fruto de mariposa / y morirá.”, ese que “está condenado a vivir incompleto”, nos dice, de manera irónica pero certera.
Así, en “Territorios de guerra”, poeta y poema se debaten en la frontera imaginaria de dos caminos que, en verdad, son dos extremos de la misma vara. Ir en una u otra dirección no es fácil, es una suerte de batalla, ya que, según declara, “en la frontera de mí mismo hay alguien que resiste”. Tal vez esta batalla, interior por cierto, sea la cita a la que nos convoca Gary Daher; una cita que, como dice el autor, es en esencia, un lugar en el tiempo."
Ariel Pérez R.

"Oruga Interior" (Contratapa): Vilma Tapia Anaya.

"El tema medular de la poesía de Gary Daher Canedo es la poesía misma. La preocupación de este autor por el destino del poeta, por la relación que el poeta establece con el lenguaje, o por la composición estructural que éste, el lenguaje, adopta entre un antes de dispersión y pasión sin verbo y un ahora en el que ha devenido yegua tensa entre (mis) bridas es el eje a partir del que se proyectan todas las demás reflexiones. Esta particularidad de la poesía de Gary Daher Canedo hace que quizá sea la más fiel al pasado de la poesía boliviana. Pero es una fidelidad que no es homenaje sino correspondencia y resonancia.
La privilegiada relación con la poética boliviana precedente que tiene la escritura de Gary Daher Canedo le otorga unas raíces también excepcionales respecto al trabajo de los poetas de su generación. Su palabra -reverente en su búsqueda- prolonga la palabra de los clásicos y altos libros de oro en un campo de batalla interior. Así, Gary Daher Canedo recibe como consecución de sus elecciones trazos fundamentales que definen los movimientos de una entrega.
El lenguaje de Oruga interior es, entonces, por momentos, casi clásico. Agudo y directo, sondea en las manifestaciones más características y por tanto menos cognoscibles de lo humano -el amor, el cuerpo, el impulso de sangre del deseo - y del mundo para lo humano – los otros, los días, la muerte-. La intensidad de estas líneas es por demás elocuente: Tú dices: protegedme/ y tu rebaño cae sangrando (…)/ pero aún persistes."
Vilma Tapia Anaya.

"Los cantos que llaman": Vilma Tapia Anaya.

"Cantos desde un Campo de Mieses es un poema construido por revelaciones y exploraciones realizadas en una travesía que se ordena en cinco partes.
Amanecida es la palabra que Gary Daher escoge para denominar el tema único, unitario: el territorio. El territorio es presentado como una realidad en suspenso, que aún no termina de aparecer, y a la que el poeta convoca, invoca y provoca con sus Cantos.
“Inaprensible eres, Amanecida”, le dice al empezar el poema, la relación del poeta con su objeto se establece y se mantiene en una interpelación permanente. Inaprensible, ni siquiera las consecuencias de lo real histórico están presentes: “y tú sin suceder, Amanecida”.
El objeto poético es un sistema en el que los fragmentos develados en cada una de las partes adquieren una cualidad reveladora de la totalidad, en nuestro caso, del territorio geográfico, histórico, social y cultural.
A lo largo de la travesía dos planos se mezclan, el de lo real y el de la construcción poética. En la revisión histórica, estos planos confundidos entre sí o yuxtapuestos, cobran una densidad de momentos sueltos que, como iluminados por un reflector, aparecen discontinuos, trozos de la urdimbre de una historia que provoca la perplejidad y el dolor del poeta. Con el reflector que sobrevuela por aquí y se mantiene fijo más allá, Gary Daher hábilmente consigue una libertad de movimiento con la que se traslada por capas, hendiduras y elevaciones geográficas y espirituales contenidas por la Amanecida.
Así, lo histórico real general “Te hemos visto en la guerra mutilada/ no de tierras sino de almas” y lo histórico real particular “los campos del Chaco/ donde los hombres arrastraban los ojos inyectados de muerte/ hurgando acaso tu nombre, Amanecida” componen un pasado de imágenes cuyo sentido aparece desdoblado en el presente y pudiera adivinarse como definición de lo porvenir si la esperanza, aliento fundamental de esta construcción poética, no tuviera la fuerza que tiene.
En imágenes portadoras de símbolos que trazan lo colectivo e incorporan al sujeto poético: “todos éramos la rota bandera” o “somos los bastardos / la sangre que no lleva ningún nombre, Amanecida.” La angustia por la definición de una identidad, dolencia permanente en los bolivianos y recurrente tema de reflexión en la literatura, se manifiesta una y otra vez, hasta ser un pliegue más de la piel que va a sentir, respirar y fijar el territorio.
En este libro, el séptimo, como a él le gusta presentarlo, Daher adquiere un compromiso, hoy su objeto de reflexión es colectivo, histórico, territorial. En él vierte su ser-ahí en el espacio compartido. De todo esto, a mi parecer, su gran valor. En busca de explicarnos vamos, en busca de hacer de éste, un territorio para la con-vivencia y en estos “Cantos desde un Campo de Mieses” se establece la posibilidad del territorio polifónico, múltiple, “carne fundamental” en la que lo boliviano complejo aguarda “la voz hecha de la garganta de todos los pueblos” bebidos, absorbidos, procesados por lo mineral y lo vegetal de nuestra geografía.
La construcción del territorio va realizándose en lo individual, y en el saberse multitud, al decir de Whitman. En lo individual, la palabra poética da cuenta de miedos y afirmaciones en relación a la pertenencia al territorio. Afirmaciones que se asientan cuando se asume el destino paralelo, el de poeta. Así, asido al poder de la palabra que se transforma en sustancia procesada por el cuerpo, y en la necesidad de delimitar el territorio que lo contiene y determina, desde la piel de lobo, Gary Daher habla: “para orinar el territorio por donde cruzarán las mujeres vestidas/ de colores”.
Más abajo, se ahonda en la aceptación de ese destino individual y en la idea de sacrificio que conlleva esta toma de conciencia. En las entrañas del territorio, la oscura selva, busca sacerdote y lugar para ofrendar el cuerpo, a esa misma y oscura selva. En este fragmento, aunque no fuera sino en dos breves líneas, se hace referencia al consuelo y al placer que pudiera aportar la aparición de lo femenino en el habitar el territorio. Pero lo femenino, plural y disperso, aquí todavía no puede ser leído como anhelo de amor.
A partir de este momento, el canto toma gran aliento y la voz de Gary Daher empieza a sonar con todas aquellas otras voces despertadas frente a la contemplación y a la experiencia del inconmensurable potencial del territorio.
En un valiente gesto, Daher toma lo que le corresponde de la herencia del canto americano. Canto que contiene voces de trueno como la de Whitman, que en cada caer sobre el territorio latiente produce la revelación y el bautizo celebratorios. O la otra voz cargada de luz del Canto General de Neruda, en la que lo territorial se construye como un magma de belleza que finalmente estalla dando lugar a la nueva historia, aquella que deseamos. Esta caudalosa herencia de seguro ha dado y da para alimentar muchas voces, traigo otras dos que conozco bien y ahora con gran alegría las pienso acompañantes de la voz de Gary Daher. Son las de los colombianos William Ospina y Gustavo Enrique Gómez Giraldo, éste último más próximo a Whitman en el aliento, y nuevo en la tarea de desvelar lo oculto y lo ignorado que aparecen con la fuerza otorgada por la resistencia, aquél, compone desde lo histórico, su transcurrir es un viaje de re-conocimiento y de búsqueda de identidad, movimiento -como vimos antes- también presente en estos Cantos.
Cantando abriré la cordillera, los mares de sal, los bosques y los caminos, “por los que todavía deambulan/ anónimos monjes/ (…) repitiendo apasionados/ terribles aleluyas/ sublimes imprecaciones.” Sentido que encuentro repetido en “Cavaré, sí/(…)hasta encontrar el agua interior”. Abrir, cavar, despellejarse en la búsqueda del ser individual y colectivo (“me uniré a los incendiados”) que deambula en el ámbito sagrado de la tarea fundamental: habitar el territorio, “nos hundiremos para verte/ para amarte al fin, Amanecida.”
El territorio así presentado, es también zona de peligro en tanto lugar de posibilidades de plena y profunda existencia “Donde se encuentran dos ojos limpios como niños/ y allí estás (Amanecida) / gestual/ enraizada” , lo mismo que lugar de dolor y muerte, donde “el silencio es una lámina/ la radiografía del pulmón perforado/ por el que aún respiras” y donde “las torrenteras/(…) se llevan la ciudad/ (…) hijo contra hijo”. O lugar donde supuestas acciones, provocadas por el deseo de subversión de la realidad, forman parte de una entrega de cuerpos y almas, “Ahora ya no se ve/ pero las puertas de mis amigos están marcadas/ de sangre”.
La Amanecida es en estos Cantos territorio de tiempos y espacios, paisajes y seres. En sentido último, territorio para la vida, proyectado en el poema a través de un fino tejido de simbología esotérica “llegaron sembradores, mis padres, ataviados de obras, alargando sus rostros en 360 giros/ en ojo de pez”. Palabras que devuelven por un momento, este poema a una tonalidad bíblica, no la de los cantos de Salomón, sino la de las voces proféticas que resuenan en sueños, visiones y desplazamientos espirituales.”Sueña, suéñala! me ordenaron/ mientras un enorme terror crujía en mis aletas/ abarcando cada célula/ cada signo”. Voces éstas que depositan en ofrenda paisaje y poesía, destinos que se aceptan en el momento del canto-oración. El poeta individuo asume la tarea de portar palabras que, como en los cantos náhuatl, son flores que provienen de la divinidad y deben ser regresadas a ella. La Amanecida se manifiesta ahora como territorio sagrado, circunscrito por la herencia cultural mestiza. De una abigarrada simbología de orígenes enmarañados y confundidos , se toma objetos simples para rendirle culto: “el santo alcohol”, “aceites perfumados”, “escarpidores de viejos huesos fieros/ para peinar las cabelleras de los innumerables mundos/ y así adornarte la frente, Amanecida.”
El territorio que debe realizarse para lo colectivo, en un último movimiento, gira hacia la historia individual del poeta. “Allá, en los ojos del niño que acaso fui” la vastedad del territorio toma dimensión corporal. El cuerpo niño donde la dificultad de lo incipiente genera una simbología que continúa con la ordenación de lo real y la construcción poética. En lo corporal del niño se anuncia y define el territorio geopolítico y social en juego: la mirada hambrienta, pies descalzos, lecciones (escolares) de una historia pifiada y, sobre todo, la búsqueda de una explicación y una pertenencia: “Entonces también pedí, Amanecida/ conocer tu rostro/ esa clara razón”.
En estos Cantos de Gary Daher y en el rumor de las piedras que en ellos se frotan para hacer el fuego, escuchamos la posibilidad (¿próxima?) de un territorio re-formulado y enriquecido. Si los dioses tejieron antes desventuras para que los mortales las canten, hoy y aquí, en este lado del mundo, las diosas tejen venturas, con ellas adornan su frente y emprenden el camino de regreso. De seguro es ese el movimiento que Gary Daher presintió para cantar sus Cantos a la Amanecida."
Vilma Tapia Anaya.

"Oruga Interior" (Presentación en Santa Cruz de la Sierra"): Claudia Bowles O.

"Cada vez que nos encontramos en una presentación de libros, a los lectores que estamos como oyentes, nos asaltan las preguntas sobre qué tópicos tocará el presentador y a su vez el propio autor.
Y cuándo nos toca más bien estar en este lado del espacio, “presentando” un libro, nos preguntamos ¿qué quisiera saber el potencial lector que está esta noche asistiendo a este rito literario? ¿Qué beneficio tiene finalmente, este gesto, de intermediar de algún modo entre el lector y la obra, sobre todo tratándose de un poemario? Partiendo de una opinión que acabo de escuchar en Juan Gelman, recientemente homenajeado por la publicación de su primer libro, me ofrezco a ustedes como simple lectora, sin ningún privilegio más que el de poder gozar de la lectura. La poesía no tiene público, dijo el poeta, tiene lectores.
Entiendo el acto de lectura como un acto de amor (tal cual lo es el de la escritura) en el que cedo, renuncio a mis defensas racionales, “bajo la guardia”, para permitir que la palabra penetre en mi mundo, golpee mis sentidos, toque mi espíritu y mi mente, aún a costa de arriesgarme al dolor o una herida. Porque si tenemos la gracia de poseer un mínimo de sensibilidad, nos daremos cuenta de que el poeta, como gran héroe de una tragedia, es el chivo expiatorio, a través de cuya voz, todos nos expresamos. El poeta tiene el designio, el terrible destino de la palabra. Nosotros asistimos al espectáculo de la verbalización, y, con suerte, viviremos -agradecidos, la catarsis.
Existen poemas que nos deleitan, que nos enamoran, que nos permiten unos segundos de ilusión ante la precariedad de la vida. Este no es el caso. Gary Daher, en un acto de sinceramiento, tal vez una suerte de confesión, nos entrega a todos los que alguna vez hemos querido construir algo con las palabras, el insoportable dolor del silencio. “ El lenguaje me limita ” dice en los primeros versos. Y si lo más sagrado que hemos tenido es el lenguaje, si por siglos le hemos depositado la certeza de la comunicación, y ahora éste nos limita, ¿qué nos queda? Ya ni el amor es posible, solo el silencio.
Las palabras son inútiles , dice más allá, solo la música penetra ; pero, ojo: no con la suavidad con la que podríamos esperanzadamente creer. Taladra, corta, araña. El alma apenas acierta a proferir azarosamente una o dos frases verdaderas, que no son sino extravíos de los demonios interiores.
Aunque por instantes sentimos una dureza violenta, agresiva, en estas palabras, a medida que avanzamos en el poemario, confirmamos que la intensidad no va a ceder. Y por el momento, ningún atisbo de solución. Es una tromba la que envuelve al poeta, y su palabra apenas una tabla de salvación provisoria.
En El llamado, por ejemplo, dice:

adentro, mordiendo mis entrañas,
(…) espera la imprecisa puerta de lo que somos.


He ahí otro tópico central, de toda la poesía boliviana de los últimos años, y en este caso, de la de Daher ¿Qué somos? La poesía, como camino de conocimiento interior y de explicación del ser, sin embargo, no depara puertos seguros. Parece “ una estrella negra ” encerrada en una “ celda poema ”. Es una respuesta atormentadora. El viento, canta, tal vez igual a la voz de un mensajero de los dioses, ruiseñor, rastro apenas de un frustrado paraíso. Y más adelante, en el mismo poema remata:

para observar cada precipitado tono
cada verbo con los que he construido mi infelicidad,
y trasformar el poema en un silencio.


En una crítica a su obra “El lugar imperfecto”, Giovanna Rivero comenta sobre la rabia como motor o actitud frente al mundo. A ello, el poeta comenta: “no, no siento rabia, creo que nací lisiado del alma”. Si bien no soy partidaria de de tomar en cuenta la palabra “humana” del poeta, (por oposición a la palabra poética, digamos) es inevitable reconocer la terrible coincidencia que albergan estas dos manifestaciones. Las del poemario y las de una entrevista. Señal por otro lado, de que no se puede escindir al poeta del hombre. La escritura es la búsqueda de su camino interior (parafraseo a Rivero), y me repito a mí misma. Y también cito sin darme cuenta, a Wilma Tapia, quien considera que la preocupación central de este libro es la poesía misma, y a partir de ahí, el destino.
Si mi lectura no es sesgada, se produce un descubrimiento, atroz en la medida en que es dicho, hecho palabra. Nada queda sino el silencio y la espera de lo que ha de venir: la muerte .
Leeré un poema que me parece el que desde el dolor, la ineluctable presencia del final, la primorosa construcción de las imágenes, la brevedad y precisión de lo descrito, es a mi criterio, perfecto.

Piedras prohibidas

Las vigas del palacio de mi futura muerte
están hechas de tiempo.

De este lado
junto a las piedras prohibidas
la luna del patio descubre en líneas a una mujer,
su sombra mancha mis manos.

Entre aquel palacio y el patio hay trescientas yardas,
por ellas marcho agobiado.

Sopla un viento ángel
y la lumbre interior lentamente se apaga.
Así que la noche
semejante al olvido
me va tragando
me irá tragando.
No quiero terminar sin hacer una rápida mención al texto inicial, la poética.

Solo
hay
una
muda
luna
como una oruga en mi interior.

Sin terminar de nacer, y con la certeza de la muerte, la luz de la luna se apagará para este caminante agobiado.

Y con su desaparición entrevemos la nuestra, la piel erizada, cuando dice……

Lleno al fin de su precioso veneno
huiré hacia la noche donde se cierra y abre el silencio
uno con las tinieblas
sátiro,
para que nadie recuerde que fui
semejante a todos"
Marzo, 2006.

"Desde el otro lado del oscuro espejo": Marta Urquidi Anaya.

La Paz,
Ed. Acción 1995,
66 Págs.

"Así entre realidad e ilusión
el arte camina sobre el borde afilado
de la sombra, porque la belleza
está al otro lado".
Luis Racionero.

"La poesía de Gary R. Daher Canedo ha ido evolucionando desde su primera obra en que se nos entrega poemas sencillos, diáfanos y espontáneos sobre el amor y la vida, a la manera de las endechas y los madrigales clásicos de la poesía española, reverdecidos por poetas como Juan Ramón Jiménez y Pedro Salinas. Aquellos poemas del tiempo en que el poeta creía aún en el amor y Dios, sin cuestionarse. En su segunda obra "Los templos" cambia de modalidad poética y se muestra preocupado por una mayor estructuración formal y temática; para el efecto, juega poéticamente con diversas concepciones y prefiguraciones metafísicas, ideadas por el hombre para descifrar el sentido de la vida humana. En la parte medular de "Los templos" podemos ver la expresión poética de las distintas transfiguraciones y moradas espirituales que atraviesa el ser durante su transcurso terrenal, en un hipotético viaje hacia la luz eterna.
En su tercer libro, que presentamos hoy, Gary R. Daher Canedo emprende el camino de retorno al interior de sí mismo y por lo tanto de todos los seres humanos, se ahonda en las motivaciones íntimas del ser que transcurre en el mundo y al hacerlo, sondea en las zonas más profundas del alma, de la unidad sicofísica que somos mientras transcurrimos en la vida y, de este modo, llega al otro lado del oscuro espejo que somos nosotros mismos. Pretende buscar lo incorpóreo dentro de lo corpóreo. Para esta búsqueda de las últimas razones del ser se olvida de la razón y apela a su instinto de lo bello. Así pues esta expresión lírica, nacida de raíces existenciales profundas, se libera de toda utilería verbal insustancial, para crear una obra de arte de excepción. Así nacida, su poesía se va articulando en base a un nuevo lenguaje hecho de imágenes, lúcidas metáforas y atmósferas que rutilan en un ámbito de sueños y de música. Así surge una obra hondamente vivencial sobre los azares de la existencia humana, la vida y sobre todo la muerte, que es propia de nuestra esencia íntima y es la gran protagonista de esta obra.
Las imágenes de gran originalidad que utiliza el poeta, le llegan al lector como ráfagas relampagueantes de ideas, sentimientos e intuiciones, que van más allá del rutinario conocimiento de las cosas. Es un libro grave, filosófico, en que la muerte es cantada en tonos profundos y sombríos, con una extraña y fascinante belleza. Es un solo gran poema salmodiado con diferentes matices del existir. Es también un Réquiem y un De profundis por todos los muertos del mundo. Nos lo anticipa la significativa portada de la obra "Apoteosis de la Guerra" que corresponde a un cuadro de Vasily Vereshchagin: en él se muestra un paisaje desolado donde se perfila una colina de cráneos desnudos, sobre los que se enseñorean los cuervos.
Dice el poeta: "los cipreses crecen desmesurados en un viento de queja / las cajas se pudren / y los huesos / que fueron lo más reservado / muestran su intimidad aún poblada de rastros". Observa cómo al ser cremados los cuerpos, "sólo el humo es el heredero de las pasiones".
Los poemas van estallando en imágenes sonoras y vemos al poeta llegar a la certidumbre del no ser, en que la ilusión del cuerpo termina en milenarios promontorios de cráneos que, como en ara de sacrificios, se blanquean al sol y de los que han huido para siempre, lo que fueron las pasiones, odios, amores, ideas. Sólo queda el lugar donde "nosotros somos la sombra sin memoria". Dice el poeta:

"Bendecidnos
sombras imperturbables
viajeros del muro y de la noche
nosotros también peregrinamos hacia el seno
interior y negro del olvido."

Por momentos el poeta se revela ante tanto poder de la muerte y exclama: "Huid almas, abrid, abrid / el sacrificio de morir no es suficiente", y se interroga. "Seré yo eso que enterraron los otros?". La muerte no puede ser el entierro definitivo de la vida y el alma. Este sentimiento es sobrecogedor. El poeta transfigura su miedo para ir más allá de los lutos, los rituales y las lamentaciones y se libera de "ese miedo que es la túnica de los ceremoniales con que se despide a los muertos" y llena de preces los labios de los que se quedan. Comprende que lejos de la angustia existencial, sólo "paz es el devenir del infinito olvido".
Gary Daher Canedo muestra la vida y la muerte como experiencias inseparables e ineluctables que constituye nuestra íntima esencia y lo expresa con una musicalidad "asíncopa, lúdica y hermosa", como el transcurrir de la vida misma.
La poesía primitiva espontánea, clásica, romántica, simbolista, surrealista, ultraísta y la libre en sus diferentes manifestaciones y denominaciones, han desplegado todas las posibilidades del pensar y sentir humanos, han variado de forma y de vestidura, pero en el fondo el contenido es idéntico. Fueron siempre manifestación de lo que subyace en el fondo de la conciencia humana, la búsqueda de los sentimientos de lo inefable y de lo inexplicable, que no puede expresarse sino como poesía o arte o sea de aquello que está profundamente ligado a lo más bello y verdadero que puede experimentar, pensar y sentir el ser humano.
Es un error pensar que la poesía tiene hoy menos adeptos que en otros tiempos. Para comprenderlo basta pensar que siempre han existido la poesía culta y la popular. La diferencia tal vez está en que hoy masivamente ella se ha refugiado en los cancioneros populares del mundo, que asociada a la música es difundida a través de los modernos trovadores, juglares y cantoautores de hoy. La poesía popular está vigente de este modo. La otra, la que cala hondo se ha hecho más escasa, hermética y sofisticada, hay que conocer sus códigos y secretos, sus connotaciones últimas, la explicación que nos da sobre su percepción de la verdadera naturaleza de las cosas, para a través de su lenguaje cifrado conocer la nota más allá que puede producir la sensibilidad humana. Es esta la alta poesía. A este género pertenece la última entrega poética de Gary R. Daher Canedo que ha crecido como poeta y nos da una prueba de que la poesía verdadera subsiste aún en esta era de cibernética y de electrónica.
Hoy, que el hombre es estudiado por la ciencia como un fenómeno natural explicable, o sea como casi una perfecta máquina electro-magnética, que responde a estímulos naturales comprobables. Que estudia la mente y el cerebro como una maquinaria predecible que actúa por estímulos eléctricos sobre un amasijo de nervios, conexiones, fibras y neuronas y que hasta la luna perdió su privilegio de motivo predilecto de inspiración de los poetas luego que el hombre puso sus pies sobre ella, aún persiste la poesía misteriosa e inexplicable, como todo arte, utilizando los reservorios de la memoria ubicados en el hipotálamo, para hacer conexiones imprevistas, de creatividad. Con lo cual, como afirma el conocido historiador del cine y la creatividad humana Edgar Morín, "Los marcos de la percepción práctica están fijos, pero igualmente abiertos a lo fantástico, y, recíprocamente, lo fantástico tiene todos los caracteres de la realidad objetiva" o sea que siempre queda una ventana abierta hacia lo irreal, lo creativo, que es la actividad trascendente que caracteriza al hombre. Los sueños, las alucinaciones, las imágenes son precisamente el mundo en que se mueven los artistas y particularmente los poetas. Su oficio va más allá de lo explicable por una lógica lineal para darnos una visión mágica y distinta de la vida, de la muerte y del mundo.
La poesía que esta vez nos entrega Gary Daher Canedo en "Desde el otro lado del oscuro espejo", es una alta poesía que hay que degustarla como un buen vino, como una reflexión sobre nuestra realidad existencial, como una aventura sigilosa del espíritu (al estilo de Lezama Lima), por el campo misterioso del ser que no se agota en su soporte material que es le cuerpo, que asciende mediante el pensamiento y la belleza, a un mundo por nosotros ignorado, pero siempre presentido como una oscura nostalgia de Dios"
Martha Urquidi Anaya
(Revista Signo No. 44, Nueva Época, Enero-Abril 1995)