Bibliografía.

Gary Daher es boliviano, nació el 31 de octubre de 1956.
Poeta, narrador y ensayista. Autor de trece libros de poesía, tres novelas, un ensayo sobre poesía boliviana y un libro con poemas de autores clásicos, frutos de su traducción. Junto a los poetas Ariel Pérez y Juan Carlos Ramiro Quiroga conformó el grupo literario de poesía que se conoció como Club del Café o del Ajenjo. Autores de la obra poética Errores compartidos (Ed. Acción, 1995) y de la revista de poesía llamada Mal menor. Durante 1993 y hasta 1995 ha dirigido junto a los poetas Vilma Tapia Anaya y Álvaro Antezana el suplemento El Pabellón del Vacío, semanario literario que marcó un salto en cuanto a los espacios de difusión y crítica de la literatura boliviana. Ha publicado el libro Safo y Catulo: poesía amorosa de la antigüedad (Universidad NUR, 2005), con traducciones de poemas de Safo del inglés, y poemas de Catulo directo del latín. Ha traducido poemas del portugués en Poesía Brasileña Actual, página del periódico HOY de La Paz. Ha publicado y difundido ensayos sobre la poesía boliviana como el libro En busca de la piedra y el agua (Ed. La Hoguera, 2005) y otros ensayos literarios y artículos reflexivos de nuestra contemporaneidad, publicados en diversos medios. Actualmente, es coeditor de la revista anual El Ansia (250 pag.), que publica cada año el estudio de tres escritores bolivianos, un poeta, un narrador y un ensayista; y es curador y fundador, junto a Gabriel Chávez Casazola, del Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de los Anillos, que sucede en el mes de junio, propiciado por la Cámara del Libro de Santa Cruz, y se encuentra preparando su quinta versión.
En narrativa, ha publicado tres novelas, El Olor de las llaves (Ed. Milenio, 1999), El huésped (Ed. La Hoguera, 2004, Ed. Impacto, Ecuador, 2016) y El lugar imperfecto (Ed. Gente Común, 2005). De sus diecisiete títulos de obra literaria, en poesía, es autor de Poemas y Silencios (publicación del autor, 1992), Los Templos (Ed. Arol, 1993), Desde el otro lado del oscuro espejo (Ed. Acción, 1995), Cantos desde un campo de mieses (FEMSC, 2001, Ed. El Perro y la Rana, Venezuela, 2008), Tamil (Ed. Gente Común, 2006), Oruga Interior (Premio Yolanda Bedregal, Ed. Plural, 2006), Territorios de Guerra (Ed. Gente Común, 2007), Antología Personal y otros poemas (Banda Hispánica, 2010), Viaje de Narciso (Ed. Plural, 2009), La Senda de Samai (Editorial 3600, 2013), y Jardines de Tlaloc (Editorial 3600, 2017). Estos tres últimos libros, conforman una trilogía en la medida de una propuesta que marca un rumbo intenso hacia la indagación humanista, la preponderancia del desafío de la consciencia, y una metafísica que parte del trabajo de los cuerpos, llevando finalmente a la publicación del libro Piedra Sagrada, que contiene los tres libros, y publicado por la editorial Vitrubio de Madrid en octubre de 2018. Actualmente, ha concluido, y está a punto de ver la luz de la publicación, un volumen con dos libros, donde la contratapa hace de tapa del otro, con el poeta español José María Muñoz Quirós, reciente Premio Nacional Letras Teresa de Ávila, de España. El volumen se denomina La Santa y la Cruz y está conformado, como dijimos, por dos libros que lo abarcan, Harina de Madioca de José María Muñoz Quirós referidos a Santa Cruz de la Sierra Bolivia, y Muralla Iluminada de Gary Daher referidos a Ávila. El trabajo, como lo lee Raquel Lanseros, autora del prólogo y reciente Premio de la Crítica de Poesía 2018 de España: «es fruto del descubrimiento, que trae aparejado el incomparable goce del reconocimiento mutuo . . . Cuando leí ambos poemarios, fundidos en un solo, sentí el estremecimiento de un abrazo. Porque resulta indudable que este libro nace de la voluntad firme de comprender, aprender y prender. De la perseverancia para construir puentes por los que todos nosotros podamos cruzar».

Alegatos sobre la Mundología

Diremos que Ricardo Jaimes Freire 1 es tacneño, sólo por el hecho de haber nacido en Tacna?, ¿No fue en Lima donde se crió? Y Sucre, La Paz , Buenos Aires, ¿dónde quedarían? ¿Qué parte de Ricardo Jaimes Freire hacen los veinte años en Tucumán? Los destinos diplomáticos en Río de Janeiro y Santiago de Chile. La ciudad que el destino (y de alguna manera, él mismo) eligió para morir, quiero decir Buenos Aires. No se puede negar que esas vitalidades fueron dibujando el rostro de la pertenencia del poeta, si es que hablamos de pertenencias geográficas, de ciudadanías, o de la tan mentada identidad. Que fue un boliviano por herencia, por signo y por función pública, nadie lo puede negar; pero, y principalmente, fue boliviano por elección, y ese ya es otro cantar. ¿No es a eso que llamamos libertad: la libre elección?
Si a estos hechos adicionamos el del origen paterno, el panorama puede ser muy engañoso al hablar de una pertenencia derivada del lugar de nacimiento. Pues una buena porción de nuestras inclinaciones se construye en la cuna, quiero decir en la familia; son entonces las costumbres de los padres (que en algún caso provienen de culturas diferentes a las del lugar de nacimiento, o a las del lugar donde vivimos) las que se van enraizando con gran fuerza en el alma del niño, de forma que, en muchos casos, la pertenencia se amplía hacia aquellas esferas, es decir, las pertenencias culturales o de costumbres del padre o de la madre, con toda la complejidad que éstas, a su vez, representan.
Puede que para aquellas personas que nacieron y se criaron en un lugar, hijos de padres que hicieron lo mismo, el decir nací allí o aquí, signifique una definición de pertenencia; pero para aquellas cuyo universo se amplía gracias a los accidentes mencionados, el restringirlas a un lugar de nacimiento o, inclusive, a una sola de sus estadías vivénciales, puede ser reciamente reduccionista, limitante y taxativo. Existen entonces aquellas personas cuyo dominio es más amplio que un punto geográfico, abarca, emocional y psicológicamente, un espacio mayor. ¿Qué debiera informar de ellas la cédula de identidad, la sociedad, los otros? Simplemente, admitir el lugar o área a las que ellas, en forma totalmente autónoma y libre, han decidido pertenecer. Ese debía ser el curso de la civilización: la libertad de patria.
En mi caso particular, la vivencia ha jugado un papel preponderante. En Buenos Aires crecí, durante tres años desde que tenía meses de edad, así que fue allí donde aprendí a hablar. Le debo entonces, a esa noble ciudad, la palabra oral, la más primaria de las voces. En Roboré 2, paraíso privilegiado de montaña, selva y aguas, pasé aquella etapa de la niñez donde los cuentos rurales, llenos de fantasmas y duendes, me arrebataron y lograron hacer de mí un par de ojos signado por el asombro y los sueños, mientras mi cuerpo corría a la tuja de pescarse 3, en medio de las luciérnagas que eran parte del aire. En Cochabamba fueron las jornadas en el Colegio La Salle que me enseñó a Jaimes Freire, Tamayo y Reynolds, cuyos poemas mascullaba mientras viajaba en bicicleta de retorno del colegio a la campiña del Rosedal de Cala Cala, donde vivía. De Trinidad guardo la poesía natural de la siesta, y la noche, y el río San Juan que por entonces corría en medio del pueblo. Pero, principalmente, fue allí donde, fascinado, leí sin interrupción, borracho de lenguaje, Cien Años de Soledad, y aquel profundo y terrible Informe sobre Ciegos que Sábato escondió en su Sobre Héroes y Tumbas. La Paz que me mostró que el mundo está hecho de libros, Borges, Nietzsche, Kafka, Pessoa, y donde desarrollé toda la estructura vital que luego me escoltaría: los hijos y sus dotes de milagro único, su amor natural y sólido; también fue mi experiencia en esa alta ciudad el encuentro con la poesía en toda su intensidad, la cotidianidad hecha de luchas políticas, el sabor del alcohol a las cuatro de la mañana, el color, cuya fuerza es inigualable gracias a la levedad del oxígeno, y la magia interior del frío. La Paz , sería, vitalmente, como la amante, cuya presencia, aun en la distancia, nos abarca todo el día y la buscamos en la noche porque la sed que tenemos de ella no se sacia. Y, naturalmente, Santa Cruz de la Sierra , de mis lecturas de La Comedia y el fascinante medioevo de Dante, los trabajos atrevidos e impenitentes sobre la obra de Catulo y la amistad devota de los tarumás 4, los cupisíes 5 y los tajibos 6. Más allá de las palabras y su lógica, Santa Cruz posee la atmósfera, el golpe de aire, que me regresa siempre a casa; pues, la sensación que tengo de hogar viene de la humedad del ambiente, del bramido del calor y del verde. Si la emoción que causa el olor de las guayabas determinaría la identidad, se diría que soy un hombre de la selva.
Pero debo hablar de dos lugares cuya vitalidad está íntimamente relacionada con la sangre. El Beni, la tierra de mi línea paterna, mítica presencia desde muy temprano en las comidas exóticas: huevos de piyu y de peta, que así se dice en la zona a la avestruz y a la tortuga de río, empanizao 7, chivé 8, cuñapé 9, roscas de maíz 10, todo bien arreglado en cotidianas encomiendas, los relatos llenos de siringa, tigres, pendencias y monte, y la sombra del tío Manuel Pratt, diciendo poemas bajo los horcones mientras la lluvia amazónica se apropia de los hombres. Cochabamba, la de los Canedo, esa familia solidaria que ha entregado sus hijos a la cotidianidad de la celebración de saberse grandes y sencillos, la hacienda de mis antepasados en Cuchupunata, la casa de 1907 sobre la avenida Heroínas, y Santa Veracruz 11, propiedad de mis bisabuelos, en cuya iglesia estuvieron enterrados durante muchos años en medio de las fiestas de los quechuas.
Enriquecidas estas estancias con nombres de personas que me son hondos y de alguna manera han hecho lo que soy, cada ciudad guarda más de un nombre. Maestros, poetas, amigos de la infancia, amores, consanguíneos esenciales, compañeros de lucha y de vida, una íntima población en cada sitio.
Vista esta geografía, mi vitalidad me hace boliviano. Así que no sea nada raro que mi razón se decida por esta indiscutible ruta. Soy boliviano por herencia, por corazón, por nacimiento, pero también por convicción y decisión personal, soy boliviano por elección.
En consecuencia, no se me pida que defina mi identidad regional, pues Gary Daher es ciertamente beniano, cochabambino, paceño, cruceño, todas esas identidades a la vez, y hace partido con ese tipo de personas que no son de un punto geográfico en especial, sino que pertenecen a un país en su conjunto, así que el reducirlo a cualquiera de ellas es traicionar otra parte muy grande de su alma; que ya mora, por misión y visión personal, en el vívido mar, indómito y oscuro, del lenguaje.
Gary Daher

Notas

1. Ricardo Jaimes Freire, poeta boliviano (1868-1933), quien junto a Rubén Darío fundó la Revista de América, que dio pie al modernismo en la lengua castellana. 2. Población del oriente boliviano, situada en el bosque seco subtropical de la región llamada Chiquitania, en el Departamento de Santa Cruz 3. Juego de perseguirse los unos a los otros hasta alcanzarse 4. Tarumá, Nombre de un árbol frutal. (Vitez-Cytareylum barbinerve Cham.) verbenáceo y medicinal. Quizá de ta, pueblo; ru, padre, e îvá fruto: fruta de los padres de la aldea. 5. Cupesí, algarrobo nativo grande de la selva boliviana ( prosopis chilensis) 6. Árbol del bosque húmedo subtropical, bosque húmedo templado y bosque seco templado. Altura total hasta 25 m , fuste recto cilíndrico (Tabebuia sp.) 7. Barra de dulce de leche endurecido 8. Gránulos de yuca molida y seca 9. Pastel de queso 10. Pasteles de harina de maíz, de forma de rosca endurecida, y que es de la zona del trópico boliviano 11. Templo en el que se venera al Señor de Santa Veracruz, cuya fiesta es una celebración agraria sincrética donde se canta coplas de petición de forma picaresca y festiva, más que religiosa.