Bibliografía.

Gary Daher es boliviano, nació el 31 de octubre de 1956.
Su producción poética se puede aproximar a partir de sus libros Poemas y Silencios , 1992; Los Templos, Editorial Arol, 1993; Desde el otro lado del oscuro espejo , Editorial Acción, 1995; Cantos desde un campo de mieses, Fondo Editorial Municipal de Santa Cruz de la Sierra , 2001 y reedición con la editorial El Perro y la Rana de Venezuela, 2008; Oruga Interior, Plural Editores, 2006; Territorios de Guerra, Editorial Gente Común, 2007; y Viaje de Narciso, Plural editores, 2009. La Editorial Banda Hispánica, de Fortaleza, Brasil, le ha publicado la versión digital de una selección de poemas en base a los libros anteriormente publicados, realizada por el mismo autor, bajo el nombre de Antología personal y otros poemas, Coleção de Areia, 2010.
Su incursión en la narrativa y la prosa se muestra en cuatro libros, Tamil de 1994, reeditada por la Editorial Gente Común, 2006, El olor de las llaves, editada por Nuevo Milenio en 1999, El huésped , editorial La Hoguera , de 2004 y El lugar imperfecto, Editorial Gente Común, 2005. En el género de ensayo, el libro En busca de la piedra y el agua , editorial La Hoguera , que abarca once aproximaciones sobre la poesía boliviana y una antología ha sido publicada en 2005.
En 1994, Gary Daher junto a los poetas Ariel Pérez, y Juan Carlos Ramiro Quiroga conformaron un taller de poesía restringido solamente a ellos tres. Para difundirlo, escribieron sus experiencias en un libro publicado con el nombre de Errores compartidos, Editorial Acción, 1995. Tanto el taller como el propio grupo literario se conocieron como Club del Café o del Ajenjo , que también produjo la revista de poesía llamada Mal menor.
Durante 1993 y 1994, ha dirigido junto a los poetas Vilma Tapia y Álvaro Antezana el suplemento literario El Pabellón del Vacío, semanario que alcanzó 33 números y que formaba parte, los días miércoles, del periódico Opinión de Cochabamba. También participó como co-director del suplemento literario del periódico Presencia de La Paz en el año 2000.
Como traductor podemos mencionar una serie de artículos semanales publicados en el periódico “Hoy” de La Paz entre 1995 y 1996 y en los que se incluía un ensayo y la traducción de un poema de poesía brasileña, columna a su cargo que salía con el nombre de Poesía brasileña actual . El año 2005 ha publicado, a través del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad Nur , sus traducciones del latín al castellano de poemas de Catulo en edición bilingüe, acompañados de poemas de Safo traducida de la versión en inglés de D.W. Myatt, en un libro denominado Safo y Catulo: poesía amorosa de la antigüedad, Universidad Nur, 2005.
Existen diversas publicaciones de este autor en diferentes periódicos y revistas de Bolivia y del exterior. Trabajos suyos se han reproducido en diversas antologías nacionales y extranjeras, destacándose la publicación No. 44 de Hueso Húmero que selecciona a escritores de los cinco países del Pacto Andino y Nueva Poesía Hispanoamericana, 2005, de Lord Byron Ediciones, que incluye a reconocidos poetas de de España y América Latina.
Ha participado como jurado de diferentes concursos literarios; entre ellos, ha sido jurado del Premio Nacional de Novela Alfaguara 2003 (Bolivia).
En 1976 recibió el primer premio en el concurso nacional de cuentos Jóvenes Escritores, en 1994 se hizo acreedor al primer Premio Nacional de Crítica Literaria Walter Montenegro convocado por la Asociación de Periodistas de La Paz y la editorial Los Amigos del Libro, y en 2004 obtuvo Primera Mención de Honor del Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal por el libro de poemas Oruga Interior.

Alegatos sobre la Mundología

Diremos que Ricardo Jaimes Freire 1 es tacneño, sólo por el hecho de haber nacido en Tacna?, ¿No fue en Lima donde se crió? Y Sucre, La Paz , Buenos Aires, ¿dónde quedarían? ¿Qué parte de Ricardo Jaimes Freire hacen los veinte años en Tucumán? Los destinos diplomáticos en Río de Janeiro y Santiago de Chile. La ciudad que el destino (y de alguna manera, él mismo) eligió para morir, quiero decir Buenos Aires. No se puede negar que esas vitalidades fueron dibujando el rostro de la pertenencia del poeta, si es que hablamos de pertenencias geográficas, de ciudadanías, o de la tan mentada identidad. Que fue un boliviano por herencia, por signo y por función pública, nadie lo puede negar; pero, y principalmente, fue boliviano por elección, y ese ya es otro cantar. ¿No es a eso que llamamos libertad: la libre elección?
Si a estos hechos adicionamos el del origen paterno, el panorama puede ser muy engañoso al hablar de una pertenencia derivada del lugar de nacimiento. Pues una buena porción de nuestras inclinaciones se construye en la cuna, quiero decir en la familia; son entonces las costumbres de los padres (que en algún caso provienen de culturas diferentes a las del lugar de nacimiento, o a las del lugar donde vivimos) las que se van enraizando con gran fuerza en el alma del niño, de forma que, en muchos casos, la pertenencia se amplía hacia aquellas esferas, es decir, las pertenencias culturales o de costumbres del padre o de la madre, con toda la complejidad que éstas, a su vez, representan.
Puede que para aquellas personas que nacieron y se criaron en un lugar, hijos de padres que hicieron lo mismo, el decir nací allí o aquí, signifique una definición de pertenencia; pero para aquellas cuyo universo se amplía gracias a los accidentes mencionados, el restringirlas a un lugar de nacimiento o, inclusive, a una sola de sus estadías vivénciales, puede ser reciamente reduccionista, limitante y taxativo. Existen entonces aquellas personas cuyo dominio es más amplio que un punto geográfico, abarca, emocional y psicológicamente, un espacio mayor. ¿Qué debiera informar de ellas la cédula de identidad, la sociedad, los otros? Simplemente, admitir el lugar o área a las que ellas, en forma totalmente autónoma y libre, han decidido pertenecer. Ese debía ser el curso de la civilización: la libertad de patria.
En mi caso particular, la vivencia ha jugado un papel preponderante. En Buenos Aires crecí, durante tres años desde que tenía meses de edad, así que fue allí donde aprendí a hablar. Le debo entonces, a esa noble ciudad, la palabra oral, la más primaria de las voces. En Roboré 2, paraíso privilegiado de montaña, selva y aguas, pasé aquella etapa de la niñez donde los cuentos rurales, llenos de fantasmas y duendes, me arrebataron y lograron hacer de mí un par de ojos signado por el asombro y los sueños, mientras mi cuerpo corría a la tuja de pescarse 3, en medio de las luciérnagas que eran parte del aire. En Cochabamba fueron las jornadas en el Colegio La Salle que me enseñó a Jaimes Freire, Tamayo y Reynolds, cuyos poemas mascullaba mientras viajaba en bicicleta de retorno del colegio a la campiña del Rosedal de Cala Cala, donde vivía. De Trinidad guardo la poesía natural de la siesta, y la noche, y el río San Juan que por entonces corría en medio del pueblo. Pero, principalmente, fue allí donde, fascinado, leí sin interrupción, borracho de lenguaje, Cien Años de Soledad, y aquel profundo y terrible Informe sobre Ciegos que Sábato escondió en su Sobre Héroes y Tumbas. La Paz que me mostró que el mundo está hecho de libros, Borges, Nietzsche, Kafka, Pessoa, y donde desarrollé toda la estructura vital que luego me escoltaría: los hijos y sus dotes de milagro único, su amor natural y sólido; también fue mi experiencia en esa alta ciudad el encuentro con la poesía en toda su intensidad, la cotidianidad hecha de luchas políticas, el sabor del alcohol a las cuatro de la mañana, el color, cuya fuerza es inigualable gracias a la levedad del oxígeno, y la magia interior del frío. La Paz , sería, vitalmente, como la amante, cuya presencia, aun en la distancia, nos abarca todo el día y la buscamos en la noche porque la sed que tenemos de ella no se sacia. Y, naturalmente, Santa Cruz de la Sierra , de mis lecturas de La Comedia y el fascinante medioevo de Dante, los trabajos atrevidos e impenitentes sobre la obra de Catulo y la amistad devota de los tarumás 4, los cupisíes 5 y los tajibos 6. Más allá de las palabras y su lógica, Santa Cruz posee la atmósfera, el golpe de aire, que me regresa siempre a casa; pues, la sensación que tengo de hogar viene de la humedad del ambiente, del bramido del calor y del verde. Si la emoción que causa el olor de las guayabas determinaría la identidad, se diría que soy un hombre de la selva.
Pero debo hablar de dos lugares cuya vitalidad está íntimamente relacionada con la sangre. El Beni, la tierra de mi línea paterna, mítica presencia desde muy temprano en las comidas exóticas: huevos de piyu y de peta, que así se dice en la zona a la avestruz y a la tortuga de río, empanizao 7, chivé 8, cuñapé 9, roscas de maíz 10, todo bien arreglado en cotidianas encomiendas, los relatos llenos de siringa, tigres, pendencias y monte, y la sombra del tío Manuel Pratt, diciendo poemas bajo los horcones mientras la lluvia amazónica se apropia de los hombres. Cochabamba, la de los Canedo, esa familia solidaria que ha entregado sus hijos a la cotidianidad de la celebración de saberse grandes y sencillos, la hacienda de mis antepasados en Cuchupunata, la casa de 1907 sobre la avenida Heroínas, y Santa Veracruz 11, propiedad de mis bisabuelos, en cuya iglesia estuvieron enterrados durante muchos años en medio de las fiestas de los quechuas.
Enriquecidas estas estancias con nombres de personas que me son hondos y de alguna manera han hecho lo que soy, cada ciudad guarda más de un nombre. Maestros, poetas, amigos de la infancia, amores, consanguíneos esenciales, compañeros de lucha y de vida, una íntima población en cada sitio.
Vista esta geografía, mi vitalidad me hace boliviano. Así que no sea nada raro que mi razón se decida por esta indiscutible ruta. Soy boliviano por herencia, por corazón, por nacimiento, pero también por convicción y decisión personal, soy boliviano por elección.
En consecuencia, no se me pida que defina mi identidad regional, pues Gary Daher es ciertamente beniano, cochabambino, paceño, cruceño, todas esas identidades a la vez, y hace partido con ese tipo de personas que no son de un punto geográfico en especial, sino que pertenecen a un país en su conjunto, así que el reducirlo a cualquiera de ellas es traicionar otra parte muy grande de su alma; que ya mora, por misión y visión personal, en el vívido mar, indómito y oscuro, del lenguaje.
Gary Daher

Notas

1. Ricardo Jaimes Freire, poeta boliviano (1868-1933), quien junto a Rubén Darío fundó la Revista de América, que dio pie al modernismo en la lengua castellana. 2. Población del oriente boliviano, situada en el bosque seco subtropical de la región llamada Chiquitania, en el Departamento de Santa Cruz 3. Juego de perseguirse los unos a los otros hasta alcanzarse 4. Tarumá, Nombre de un árbol frutal. (Vitez-Cytareylum barbinerve Cham.) verbenáceo y medicinal. Quizá de ta, pueblo; ru, padre, e îvá fruto: fruta de los padres de la aldea. 5. Cupesí, algarrobo nativo grande de la selva boliviana ( prosopis chilensis) 6. Árbol del bosque húmedo subtropical, bosque húmedo templado y bosque seco templado. Altura total hasta 25 m , fuste recto cilíndrico (Tabebuia sp.) 7. Barra de dulce de leche endurecido 8. Gránulos de yuca molida y seca 9. Pastel de queso 10. Pasteles de harina de maíz, de forma de rosca endurecida, y que es de la zona del trópico boliviano 11. Templo en el que se venera al Señor de Santa Veracruz, cuya fiesta es una celebración agraria sincrética donde se canta coplas de petición de forma picaresca y festiva, más que religiosa.