Críticas sobre El huésped.

"Tamil, el erotismo perfecto": Juan Carlos Ramiro Quiroga.

“-Te atrapé- me dice, sorpresiva, dibujando su carita de infanta
detrás del follaje de las mandarinas.
Y yo, que la necesito tanto, la abrazo como para matarla
revolcados entre la hierba de la noche que desde arriba nos
abarca.”
(Encuentro. Tamil, Gente Común, 2006).

1. “Este no es un poema, tampoco es una prosa, ni un telegrama, ni nada que se asemeje. Me temo que vaya a conformarse con ser una tira más o menos corta de frases sueltas y carentes”, registra Gary Daher Canedo en Tamil (La Paz, 2006), el séptimo libro de poesías y quizás el poemario más afectuoso y sensitivo que haya escrito hasta el momento, porque trata de la adolescencia y el deseo.
2. La cita me hace recordar, nada más que para contrastar, un cuarteto de Franz Tamayo que leí en plena época de vacas flacas: “¿Qué es verdad? Se interroga tu tormento. / Si el hombre calla pues pregunta al viento;/ si el viento calla, lo sabrá la tumba. / ¡Por mí, no digo la verdad ni miento!”
3. ¿Qué hace que el autor de Tamil diga que su lenguaje no es un poema, tampoco es una prosa? O ¿qué mueve al autor de Nuevos Rubaiyat (La Paz, 1927) a escribir que no dice la verdad ni miente? La creación poética puede provocar esa doble negación en el poeta porque en esencia lo motiva la libertad humana o el libre albedrío.
4. Nadie más que Daher Canedo para constituir esta libertad verbal que se conjuga afectuosamente en Tamil , libro del adolescente poeta que humedece por todas partes la palabra (su palabra) como la solución al desasosiego erótico o como cauce por donde la paradoja de la sensibilidad sexual, propia de esta edad, deja de ser una realidad apremiante o meramente represora.
5. Pero ante toda mordaza ética, Tamil es una bellísima apertura al deseo que no es verso ni prosa, sino una doble negación como único acto poético que libera a la adolescencia de sus limitaciones mentales y religiosas. Como Tamayo, el autor de Tamil hubiera dicho: “No hay adolescente moralista como hay adolescente poeta.”
6. Por ese motivo, Tamil es un acto de fe en la palabra que implica una afirmación de la libertad sexual. La imagen íntima y poderosa en Tamil no es el dominio de la ética aristotélica, sino la soberanía del deseo en el adolescente: “Manipulo los genitales: hay erección. Me esfuerzo por conseguir el placer pero aún no tengo semen”, anota Daher Canedo.
7. Pero en Tamil hay algo más seductor que se produce desde afuera, porque son los hechos casuales y la seducción femenina los que originan la experiencia sensual y, por qué no, la experiencia poética: “ay, te apareces para poseerme, lujuriosa poesía, con tus enormes piernas de piedra mostrándome brillante tu mágico agujero”, dice Daher Canedo.
8. Tamil es el libro más erótico que se ha escrito en Bolivia y más voluptuoso que la Antología del cuento erótico boliviano (Alfaguara, La Paz, 2001), por las sugerencias y guiños que deja su autor en cada anotación, cada observación o cada descripción de una experiencia meramente sentimental o meramente sensual, que ha quedado liberado ya no en el pasado, sino en el presente de la palabra poética: un poema de la soberanía pulsional como exigía Georges Bataille.
Juan Carlos Ramiro Quiroga

"1994": Giovanna Rivero Santa Cruz.

"1994. Hace ya una docena de años Gary Daher publicó “Tamil”, una vía láctea de hombres que aman desesperadamente. Tamil es un anagrama, un símbolo, quizás la idea embrionaria de la novela publicada hace un par de años, “El huésped”. En seguida explicaré por qué postulo esta conexión.
Tamil es un grito bárbaro, un grito de guerra, una de las primeras banderas que Gary Daher hace flamear para sentar sus dominios poéticos, el territorio de su creación. He ahí su importancia. La visión del poeta, del narrador, se completa con este libro, porque hay un tiempo en que es preciso rastrearse, volver a los orígenes para identificar los hitos personales. Evidentemente, “El huésped” fue, es un hito en la propuesta de Gary, pero su semilla primigenia estuvo antes. Así, cuando ustedes lean esta colección de escenas, este plano secuencia del mundo interior, podrán descubrir la geopolítica de Gary Daher Canedo. Llamo su “geopolítica” a la organización de la vida en determinados territorios, a los espacios que los personajes de Gary van colonizando y signando como patria. En “el huésped” ya se ha construido esa infraestructura, hay un hotel imposible en una carretera fantasma, quien se hospede en ese hotel irá aceptando que todos los pisos y habitaciones son idénticos, el desafío es encontrar lo que hace único a cada recinto, y tal descubrimiento llega siempre al final, cuando se admite como recinto único y perfecto, el templo de oro, a uno mismo, al alma propia. La idea de esta infraestructura, de este hardware, es retomada en el libro “El lugar imperfecto”. Allí, hay un cuarto de sauna, un infierno necesario. En este sauna, después de una sesión de sexo entre el vapor de eucaliptos, la ceguera y el sonido de las calderas, se comete un asesinato. La vida, en ese sentido, podría tener la infraestructura de un sauna.
Pero en “Tamil”, esa geopolítica ya se había establecido, mediterráneamente, con personajes que viven en el sueño y están cercados por la realidad. Cercados, sin posibilidad de oxigenarse, como en una especie de claustro. Es así como Gary consigue la densidad necesaria en esta obra. Si me piden una definición, creo que se trata de cuentos breves, que si bien no respetan la ecuación del nudo y desenlace, y hasta pareciera que relevan el naturalismo sobre la misma realidad, nos proponen historias invisibles, historias no evidentes. Se trata, pues, de cuentos sobre las circunstancias. En el género del cuento, el personaje suele envolverse en la circunstancia como en un abrigo preferido; pero aquí, en “Tamil”, la circunstancia es el cuento, el resto, los personajes, los eventuales protagonistas y coprotagonistas sólo están ahí para hacer que se cumpla el destino, igual que un diligenciero de la Justicia podría cargar con una citación al acusado.
“Tamil” es entonces un motel de paso, no por ello menos complejo que un hotel fantasma; si me permiten describir su geopolítica, debo contarles que está compuesto de cuatro recámaras. Pueden reconocer la primera puerta porque hay una mancha de humedad, si entran a esa habitación, sonará un teléfono -¿recuerdan Matrix?-. Pues bien, como les digo, sonará el teléfono, es la mujer que aman, ¿aló? contestará, y se dará la vuelta para seguir durmiendo, protegida por la espalda de su marido. Esa espalda es el símbolo de la circunstancia, la mediterraneidad, lo inviable del amor.
En la segunda recámara, abrirán la puerta que tiene un cartelito que dice: “los objetos del sueño”. Si se les apaga la luz, y dentro de un sueño siempre es posible, pueden encender una vela, si además quieren contactarse con los espíritus de sus antepasados, pueden encender otra. El cuento “Las velas” no es un cuento sobrenatural, es un cuento sobre los ritos personales, sobre la necesidad de ser supersticioso en un mundo tomado por los gestos de la lógica, por los instrumentos de la razón. Una dosis de superstición nos permite reunir tres tiempos perfectos: futuro-pasado-presente, en ese exacto orden. La superstición debería ser una ciencia, es lo que sospecho que propone, de fondo, “Tamil”, nombre ecuacional y terriblemente místico.
La tercera puerta, “la tierra de la palabra” da al patio. Ustedes entran al patio y se encuentran con un niño jugando. El niño juega con saliva, no se asqueen, el niño juega con balbuceos y les da forma circular, les pega tremenda patada y los manda al patio del vecino. Esa es la impresión que me produce este tercer recinto, en cuyos costados se sienten ecos de Blanca Wiethüchter y Jaime Sáenz, sobre todo de este último, que tomó el lirismo por las astas, suponiendo que el lirismo fuera un toro.
La cuarta puerta, “la caza desigual de los hechos”, tiene encerrado a un minotauro: se llama Palomino Guzmán, es el interlocutor ideal para una charla de café. Pero un día fatal, un día fatal se irá, dejará al escritor con sus palabras. El escritor podrá exilarse en la habitación 4991 y llamar al servicio de cafetería, pedir un vaso de agua, para desahogar las palabras. Pero a esa hora no hay servicio de cafetería.
No importa, Gary Daher Canedo sabe muy bien qué hacer con las palabras. En su teclado, los nombres, los verbos, las letras, adquieren fuerza y una luz nueva y cegadora. Quizás se trate de magia."

"Tamil, Un inconcluso poema en prosa" (Contratapa): Juan Carlos Ramiro Quiroga.

"Una paradoja: "Tamil" (nombre inventado por su autor) es un libro completo; pero de incompletos poemas en prosa. Esta contingencia, quizás vital en esta obra, tercer texto de Gary Daher, conforma una envidiable recámara de palabras, precisas a su modo, de un mundo interior hermético a la instancia real.
Es decir, guarda sus sentidos en sí mismo o en un lenguaje que trata de substraerse de la realidad: ahí "Tamil" es una imagen interior , tan interior que pareciera un diario.
Sin embargo, ese mismo lenguaje (coloquial si se quiere) gobierna o inscribe relaciones con varios territorios: con la experiencia amorosa, con la experiencia del ensueño, con la experiencia poética y con la experiencia circunstancial.
Cuatro recintos donde el sujeto poético, dueño ya de sus dominios, es una especie de amante interior en tanto participa de ellos intensamente, con deseo, sin zozobrar ni entregarse del todo.
"Tamil" es una obra menos gratuita que las usuales, en tanto contiene textos enjutos y prosaicos, con un lenguaje que implica una variedad limitada de situaciones o tránsitos de la imagen alrededor de la infancia. Pudiera ser, pero también sobre la infancia o carencia de la edad adulta.
Así, "Tamil" es una confrontación de sentidos intimistas y, más que eso, el recorrido de una aventura estética que sobrepasa el mero accidente gramatical y asume los instantes y las voces del poema soberano (una conjugación en presente imperfecto) al que sólo se llega a través del tránsito de imperfectos haikús , que son como las llaves para ingresar a esos mágicos agujeros.
Juan Carlos Ramiro Quiroga (1994)"

"Sobre Tamil, de Gary Daher Canedo" Martín Zelaya Sánchez.

"Tamil imagina imágenes de la ciudad —¿Santa Cruz, La Paz, Tombuctú?—. Gary Daher le habla a ella —ausente— hablándose a sí mismo, describe su entorno rebuscadamente.
Para el primer Fondo Negro (abril de 2006) que me tocó editar me topé —más bien un poeta amigo se topó en su biblioteca— con un manuscrito. “Gary me lo dio hace años, y está inédito”, me dijo. Escogí Dos Fotografías. Prosa poética para iniciar la sección Versos en la Boca, destinada a poesía boliviana inédita, salvando algunas excepciones. Premonitoria casualidad, el pasado agosto el autor paceño, identificado no obstante como una de las cabezas del boom de la literatura cruceña actual, presentó su Tamil —aquel inicial manuscrito y algo más, y algo menos— editado por Gente Común.
Él mismo explica la historia en el prólogo del libro, que vale la pena comprar, y leer, y comentar.
Cotidianidad, trivialidad, rutina, tedio y vida simple y común con un enfoque resultado de extrema sagacidad y paciencia. Daher oye el silencio y lo escribe; interpreta las estrellas lejanas, aun detrás del nublado cielo; el latir, imperceptible movimiento de un par de viejas fotos; lee la monotonía y la asume, la aspira, para saciar —quizás— sus ansias eróticas neuróticas. Y a veces, así, logra enredarnos en la maraña prefabricada de su prosa poética. De pronto el ritmo, la intensidad se apagan. De flotar, navegar en la palabra, un baldazo helado de realidad, casi cursi, desencanta, tanto en el estilo y la sonoridad de la composición, como quizás sucede en la vida real, tan dada a pintarnos la cara cuando tan cerca parece la gloria: “Ahora retornas ceñida (toda tú: cuerpo y alma) a la amplia espalda de tu marido. Afuera, la línea iluminada del amanecer me muestra, sobre los postes, los largos y negros cables del teléfono”.
Ausencia, desesperación, vacío. Infinito, soledad, resignación. Maldisimulada calma y algo más connotan las sobredimensionadas descripciones de Tamil. Construcción ante todo, argamasa tozudamente moldeada: encuentro, terror, trayecto, vigilia, adiós, espacio.
Martín Zelaya Sánchez."