Críticas sobre El huésped.

"El huésped" (Contratapa): Juan Claudio Lechín y Homero Carvalho Oliva.

“El huésped” es una novela extraña. Rodríguez, el protagonista principal, emprende el más difícil de los viajes: el viaje hacia uno mismo. Y lo hace en un misterioso hotel de una remota ciudad que puede ser cualquiera en la que andamos perdidos buscando el amor que puede redimirnos.
Extraña obra de Gary Daher Canedo que se estrena como novelista con un registro temático diferente en nuestro medio. Diferente, original y perturbador. Una novela que rompe con ciertos estereotipos literarios locales y nos proyecta hacia una nueva y real-surreal , y por lo mismo terrible, concepción del mundo contemporáneo. Hay que leerla."
Homero Carvalho Oliva
Escritor

"El Huésped es un recorrido inusual de la literatura boliviana, pues se abre al imaginario más contemporáneo, la ciencia ficción, buscando nuevos aires temáticos. Como todo gran creador, Gary Daher, toma el riesgo de hacer otras incisiones para mirar nuestro rostro y consigue con excelente pluma llenarnos el alma de dudas y certidumbres, pero sobre todo con emociones."
Juan Claudio Lechín
Escritor

"El huésped": Edmundo Paz Soldán.

Edmundo Paz-Soldán, Cornell University-New York.
"Una de las cosas más notables de El huésped , novela del escritor boliviano Gary Daher, es que en ella no aparecen ni los escenarios ni las temáticas que predominan en la literatura boliviana. De hecho, esta literatura comenzó a ser urbana en verdad recién hace veinte años, con una novela de Wolfango Montes Vanucci, Jonás y la ballena rosada . Hubo, claro, excepciones antes de Montes, pero en general predominaron los espacios rurales, la temática indigenista o minera. Hubo un viaje narrativo, entonces, del campo a la ciudad, pero Bolivia siguió siendo la geografía predominante en la literatura. Sólo en los últimos años ha habido una ruptura con esa suerte de obligación con que el narrador boliviano ha asumido la tradición. Así, de pronto, han aparecido novelas de ciencia ficción como El viaje , de Rodrigo Antezana, o ambientadas en otros países, como La doncella del Barón Cementerio , de Eduardo Scott. En ese contexto, destaca la novela de Gary Daher, pues se anima a imaginar por completo un paisaje. Es una novela que puede leerse en clave fantástica y de ciencia ficción, pero, como ocurre con las mejores obras de esos géneros, esas claves nos sirven para entender nuestro universo.
Rodríguez, el protagonista de El huésped , llega a un aeropuerto en una ciudad que él supone se encuentra en Ucrania. Un taxi y luego sus pasos lo llevan a un hotel. Una vez dentro del hotel, Rodríguez no podrá salir y le ocurrirán cosas extrañas, y conocerá a personas extrañas. En este hotel hay ecos de El castillo kafkiano, y del 1984 orwelliano. Se trata de un lugar que controla a todos sus habitantes a través de una Voz Interior, y en la que los personajes se hallan organizados a través de “colmenas”. Rodríguez es visto por los demás como un ilegal, pues no pertenece a la colmena en la que ha aparecido. En su intento por salir del hotel y escaparse de sus misteriosas y puritanas leyes, encontrará diversas versiones del deseo y del amor en Danaris, Irene y Josefina. En el fondo, la búsqueda de la salida es el viaje hacia el interior de uno mismo. Oprimidos por la rutina, atenazados por un sistema político-económico que escapa a nuestro control, estamos, como Rodríguez, buscando un sentido a nuestra existencia en el hotel que es para nosotros el universo. Somos apenas huéspedes, inmigrantes ilegales, deambulando de colmena en colmena en pos de una salvación que acaso no llegue.
La novela de Gary Daher ha sido publicada por La Hoguera , una editorial boliviana de prestigio que lamentablemente no distribuye sus libros fuera del país. Es una novela que merece ser conocida fuera de Bolivia, digna de dialogar con lo mejor que se está escribiendo en la narrativa latinoamericana contemporánea."
Febrero, 2006.

"Un huésped entre Kafka y Orwell" Eva María Segura Torres.

Eva María Segura Torres (Filóloga)
"¿El mundo real o el atisbo de un futuro inquietante? El huésped, el último trabajo de Gary Daher Canedo, abre nuevas perspectivas dentro de la narrativa boliviana, en un género que se aleja de los caminos costumbristas y de la realidad cotidiana.
Este viaje, a ratos kafkiano -por el buen manejo de las situaciones imposibles y su ambiente claustrofóbico- , nos acerca a Rodríguez, un viajero que, de improviso, se encuentra sumergido en una realidad aparentemente inverosímil. Recién llegado a Kiev, va a parar ante lo que él considera un hotel que, de forma paulatina, se irá transformando en un ‘mundo a pequeña escala’, una sociedad de límites difusos, llena de personajes dispares, en la que todo se organiza en torno a lo que sus propios habitantes llaman ‘colmenas’.
Así, desde el momento en el que Rodríguez cruza la línea entre su pasado, lleno de obligaciones no queridas, y el extraño presente del ‘hotel’, regido por un sistema autoritario cercano al del 1984 de Orwell, su ansia de recuperar la ‘libertad’ y encontrar la salida se irá difuminando. No poco tienen que ver en este cambio las intrincadas y resbaladizas relaciones amorosas que mantendrá con varias mujeres, un aspecto de la novela que resulta repetitivo y lleno de tópicos.
Todas las mujeres que salen a su paso se le entregan, sin más, sin cuestionamientos, salvando algunos pequeños escollos con la que se convertirá en su gran amor: Josefina.
Aunque el ritmo de la novela decae en algunos momentos, lo que la hace reveladora es la manera en la que conduce al lector por el juego de ciertos planteamientos filosóficos. Uno no puede dejar de preguntarse al final -al igual que el protagonista- cuál es el mundo real. ¿Cuál es la verdadera libertad? ¿La del que está dentro de la colmena o la del que permanece aparentemente fuera? En definitiva, nos enfrenta a la fragilidad de nuestras más íntimas convicciones al hacernos cómplices y entendedores de la transformación última del personaje: el mundo de fuera aparece como un absurdo, mientras que el ‘hotel’ se convierte en la única y auténtica realidad."

"El huésped de Gary Daher Canedo" Elena Ferrufino - Coqueugniot.

Elena Ferrufino-Coqueugniot, Crítica literaria - Bolivia.
"Cuando Rodríguez, protagonista de esta historia, llega a lo que él considera es Ucrania, comienza una jornada de sistemática anulación de sentidos. Tiene 38 años, es casado y tiene una hija. Ha dejado su país para hacer negocios en Kiev y, a su llegada al aeropuerto, ha perdido sus maletas, nadie ha entendido su lenguaje y ha llegado a un recinto extraño, una suerte de “hotel” que no guarda, sin embargo, similitud con ningún otro conocido por él o por nosotros.
A su llegada se le informa que se encuentra en la “sección un mil doscientos once” y que habría sido transferido desde alguna otra, sin previo aviso, por lo que es, ahora, un ilegal. Se trata de una “colmena”, aunque no en el sentido de Cela, controlada por una red de computadoras, donde cada individuo cumple una función específica dentro del sistema, regidos todos por una Voz Interior todopoderosa. Al estilo de Orwell, este hotel y todos sus habitantes se encuentran perpetuamente controlados por un poder totalitario e implacable. No existe, contrariamente a 1984, una mirada constante que vigila todos los actos y pensamientos de las gentes, pero sí hay una Voz omnipresente que, además, ha instaurado un micro control a través de cada uno de los personajes que habitan el sitio, y que garantizan su supervivencia.
Nada es racional en este universo. Verdad y realidad se encuentran constantemente contestadas, transformadas, aniquiladas. Rodríguez ha perdido la capacidad de discernir la verdad de la mentira, la razón del sinsentido. No sólo él, sin embargo. Nosotros, como lectores, sufrimos la misma violencia de un sistema donde nada de lo que podría ser conocido, o servir como reparo para nosotros tiene sentido. Un narrador omnisciente y casi perverso nos introduce, desde el primer párrafo de la novela, en este escenario insano donde cada una de nuestras certezas es desarticulada frente a un razonamiento que responde a una sociedad disciplinada cuyos poderes de control no se disimulan y nos agreden línea tras línea. Se impone entonces una dictadura narrativa de la que somos víctimas, junto con Rodríguez que busca, desesperado, la salida que le permita regresar a su mundo.
El texto se convierte así en una réplica perfecta del mismo hotel en que se encuentra preso nuestro protagonista. Igual que él, nosotros hemos sido atrapados en esta red textual que consta de 22 habitaciones-celdas cuyos nombres son tan oscuros como lo es el propio decurso de los hechos. No hay nada en este universo que nos ofrezca un reparo, una luz, una esperanza de significado. De manera sistemática, todos los sentidos se han volcado y se ha puesto en duda hasta nuestra más íntima certeza como sujetos. Todo proceso razonable ha sido sustituido no sólo por la duda, sino por la negación total de una posible explicación. Ningún miembro de la colmena está interesado en comprender lo que Rodríguez intenta explicar. Se le niega hasta la posibilidad de una interpretación. El lenguaje mismo ha perdido su sentido. De hecho, en este mundo se hablan lenguas distintas, mezclan insospechadas que representan, a su manera, los enormes abismos que separan una experiencia de otra; lo racional de lo perfectamente caótico. “Los verdaderos territorios están limitados por las lenguas”, asegura Rodríguez una vez que ha vuelto a escuchar su idioma materno, fuera ya del laberinto.
La novela articula, por otro lado, un doble juego representado primero, por Rodríguez en oposición a nosotros; por un narrador despótico; por el mundo tal y como lo conocemos, en contraposición al de la colmena, por los números de las secciones que aparecen mencionadas a lo largo del texto y por el número de partes en que se ha dividido el universo textual. No parece casual que sean 22 las viñetas por las que nos movemos, junto con Rodríguez, en vano intento por encontrar la salida y por recuperar, por fin, el sentido de las cosas. Habrá que esperar a las dos últimas partes, tituladas “el mundo” y “murciélagos” para comprender, por una partes, que el escape era posible pero, por otra parte, para darnos cuenta de que quizá tanto apego a lo conocido también carece de valor.
Gary Daher utiliza el decurso del texto para cuestionar una serie de valores y “verdades” que nos perfilan como habitantes de la tierra y nos determinan como sujetos. Y, una vez fuera del anónimo universo de la colmena, conde todo fue tajante y doloroso, cabe preguntarse, junto con Rodríguez, cuál de ambos sistemas es más válido. Dónde se encuentran el amor y la felicidad. Dónde cobra más sentido la vida... Dudas que el narrador esgrime, tomando el riesgo, como lo asegura Juan Claudio Lechín, de hacer [ciertas] incisiones para mirar nuestro rostro y [conseguir] con excelente pluma llenarnos el alma de dudas y certidumbres, pero sobre todo de emociones.”
Y no deja de tener razón ya que, a medida que los días de Rodríguez transcurren a través de los pasadizos de la novela, a medida que el lector es confrontado con lo que Homero Carvalho denominaría una “terrible concepción del mundo contemporáneo”, existe un solo recurso que le otorga sentido a la estadía del protagonista en la colmena: el amor. Y más que el amor, el sexo. Porque Rodríguez es, ante todo, un ser sexual; un hombre sin recursos ante las pequeñas y grandes trampas tejidas por un cuerpo de mujer. Su profunda ansiedad encuentra un derrotero relativamente estable cuando conoce, primero a Danaris, luego a Irene y, finalmente, a Josefina. Con cada una de ellas experimentará las dulzuras y las agonías del amor y olvidará, casi, a su esposa y a su hija mundanas, no sin albergar, claro está, ciertos indicios de culpa.
“El huésped” es una novela que recurre a elementos narrativos novedosos y diestramente manejados, a través de un lenguaje pulcro, salpicado de imágenes logradas con maestría. Daher nos propone un género poco o nada explorado en nuestro medio que pone en cuestión dos contextos culturales distintos, articulados por la experiencia de un hombre “común” que ha sido, de súbito, desposeído de su razonamiento y de sus sentido del mundo. Probablemente el recurso más exitoso del autor es el de establecer un perfecto paralelo entre el espacio de la colmena y el espacio textual. En el primero, es la Voz Interior la que ostenta el poder incuestionable; son las congregaciones y los comités que garantizan la efectividad del control y es la eterna búsqueda de la colmena 7777 la que justifica el cambio, ya que ese universo se reduciría, según lo afirma una de las protagonistas, “a ser la puerta del reino celestial, la antesala de la felicidad eterna.”
En el caso del texto, la Voz Interior ha sido reemplazada por un narrador que nos priva de sentido y de razonamiento desde el inicio del relato. Él lo sabe todo, lo prevé todo pero, por lo mismo y de manera sistemática, nos hace inaccesible el entendimiento. Es él quien ostenta el poder supremo, quien sólo nos permitirá salir a la luz del sol, cuando la colmena haya tolerado la Huída de Rodríguez. En este espacio, la red que en otro escenario estaba compuesta por máquinas, está conformada por un lenguaje que sólo nombra lo imprescindible, y se hace roca ante la inquieta búsqueda de un resquicio de significado, que el lector va buscando sediento a lo largo de los capítulos, celdas y mazmorras con que se han tejido texto y discurso.
Uno de los epígrafes a que alude Daher, y que pertenece a Ramón Gómez de la Serna, afirma que “los trenes se duermen andando y por eso hay momentos en que no salen del mismo sitio, patinando en sueños”. Y, si bien la metáfora del tren no hace referencia, precisamente, a las laberínticas celdas de la colmena, la imagen del sueño y del tiempo que no transcurre parecen predecir lo que sucederá en los últimos capítulos de la novela. En esta aventura cíclica tendrán que comprometerse los nuevos lectores; aquellos que acepten el reto de ingresar en un mundo donde todas sus certezas serán contestadas, quizás como recurso privilegiado para cuestionarse a sí mismos y poner en duda el mundo en que habitamos."
Agosto, 2004.

"Dígame el número de mi habitación, por favor" Giovanna Rivero Santa Cruz.

Giovanna Rivero Santa Cruz, Premio Nacional de Cuento "Franz Tamayo" de 2005 - Bolivia
“El huésped, magistral novela de Gary Daher Canedo, es una obra lúcida y desquiciada, como desquiciada y lúcida es la contemporaneidad. Una trama trabajada desde los cuatro cardinales, de modo que los personajes son verosímiles aunque vivan situaciones desesperadas. Me gusta ese rasgo de la novela “El huésped”: la constante es la desesperación, y esta atmósfera es conseguida con una narración de lo específico, un detenerse en la escena, en los diálogos impecables y humanos de sus personajes, y fundamentalmente –he aquí la fuerza de esta novela, he aquí su impronta- un desnudar el alma del hombre y la mujer de este instante (instante como existencia y no ya como cronología: época, era, tiempo). “El huésped”, en mi opinión de compañera de oficio y lectora afiebrada de Gary Daher, es una novela existencialista, su género es la ciencia ficción, y su estilo es de una pureza literaria heredada de Albert Camus, Herman Hesse, Borges y, claro, esa gran patente del surrealismo cotidiano que iniciara Julio Cortázar.
La prosa de esta novela es materia de gozo. Adjetivos luminosos, descripciones clarísimas, una puntuación que hace ágil la lectura de modo que las páginas ceden sin ruidos. No hay concesiones al lector, no se cae en un falso minimalismo. Pero también está el hombre mínimo y este es Rodríguez, el protagonista. Un hombre como cualquiera, un tipo de negocios, alguien a quien el destino lo llevará a vivir la más feroz de las aventuras. Si uno tomara una ruta de avión para llegar a un hotel, como dice la canción Hotel California, donde somos “bienvenidos” pero nunca más nos dejarán salir, es lógico que prefiramos perder el avión o morir en un accidente. ¿Cómo saberlo? ¿Cómo saberlo? En esta novela cabe la posibilidad de rebobinar los hechos. Pero el principio no es mucho mejor. El escritor, pese a ello, no se regodea en el desencanto o en la ironía, un estilo, un modo de narrar muy popular por estos días, él es simplemente un cronista de algo que le ha ocurrido a Rodríguez. Pero este “simplemente” cuesta. No cualquiera consigue esta apreciación en una novela. Las novelas de ciencia ficción están amenazadas por los efectos y los artificios. En “El huésped”, gracias a Dios, se sobrepone el personaje al montaje estruendoso de los efectos y falacias tridimensionales. Porque, secretamente, la propuesta de Gary Daher Canedo en este texto es que la vida misma es tan alocada y torrencial y que no es otra cosa que un instante de ciencia ficción.
Sin embargo, y, además “El huésped” se mueve en la mecánica narrativa de la novela de ultimísima generación: la fórmula de los bestsellers, en el caso de que existiera dicha fórmula: tensión, suspense, intriga exacerbada, preguntas desgarradoras, deseo, antagonistas bien perfilados, ritmo y sorpresa. Todo esto tiene “El huésped” sin necesidad de caer en una ecuación que prefigura la obra en una didáctica editorialista. Gary Daher Canedo vació en esta novela todo lo que vino gestando como ser humano y como artista durante años de darle duro a la escritura. El resultado sólo podía ser bueno. No bueno, excelente.
Ojalá “El huésped” pueda ser leída por los lectores universales de la Tierra y del Hotel California. De algún modo sentirán que valió la pena haberse hospedado en este imperfecto lugar."

"La soledad y el extravío" Vilma Tapia Anaya.

Vilma Tapia Anaya
"Como el autor declaró respecto a su novela, El huésped está conformada por varios pliegues, condición que nos abre la posibilidad de diferentes lecturas. Siendo la amiga que soy de Gary Daher Canedo y conociendo como creo conocer su trabajo me he permitido seguir un hilo que tiene que ver con lo que él llama “el camino de la obra literaria”.
Me sería difícil asegurar que la escritura es un camino de conocimiento y de reflexión en todos los que escriben. Más difícil afirmar algo así en nuestra época: los estantes de las librerías están llenos de libros innecesarios tanto para sus autores como para los lectores. Sin embargo, es una fortuna y un privilegio para mí poder dar fe de que para Gary la escritura sí adquiere el peso de una búsqueda existencial y en él es como un empeño de ir hacia sí mismo abriéndose camino a fuerza de palabras.
Pienso que sólo en la novela el escritor adquiere un compromiso con su tiempo. Mientras el espíritu de la poesía evita el lugar de las cosas y florece en los movimientos de la creación primaria, la novela es del mundo, toma posesión de su estar entre las cosas, las reacomoda, las combina, las reinventa. Tanto la memoria como el pensamiento de futurición se gestan desde un lugar determinado por la presencia real del artista en el mundo. El pensamiento que reproduce o proyecta se genera en un contexto histórico y social definido.
La elección que Gary Daher Canedo ha realizado esta vez para decir desde la novela responde, a mi entender, a un camino de experiencia. Esto no tiene por qué llevarnos a pensar que dejará de hacer poesía, no tendría por qué ser así. Se ha movido, ha accedido a otro lugar desde el cual decir, uno más en el amplio conjunto de lenguajes que constituye su obra.
El cómo se está en el mundo en un momento determinado está definido de alguna manera por el lugar desde el que se dice. Narrativa y poesía son dos formas de decir diferentes, son dos formas distintas de estar en el mundo. La elección de una de ellas deriva de la libertad inmanente a la tensión que está creando.
Se dice que la narración es el lenguaje mismo, el lenguaje en acto. Y es también la historia porque no hay historia sin las formas de su narración. La narración es función fundamental del lenguaje que, mantenida por lo social, no sólo se refiere a la historia sino la engendra. Todo territorio despliega un manto de relatos y este manto que se desplaza en el tiempo ilumina y modela al territorio mismo, es voz del territorio y es su espacio de relieves.
¿Qué es lo que impulsa a Gary Daher Canedo a decir desde una novela que más bien se aleja de los modos habituales de narrar en Bolivia a tiempo que declara que el propósito para escribirla fue intentar explicarse el misterio de la existencia? Me animo a decir que la respuesta nos la dio él mismo en otra de las entrevistas que siguieron al lanzamiento del libro. “Sólo conozco mi interminable anhelo de ser.” Anhelo de ser sumergido en el misterio que es la existencia, anhelo de ser en lo que se está siendo. Enlazo esta última declaración suya con la asunción absoluta de un lenguaje que no le escape al mundo, tal, a mi parecer, el lenguaje narrativo.
En el sentido de esta reflexión, me pregunto qué sucede con El Huésped, qué nos sucede. Parto de la dificultad que se tiene para encerrar a El Huésped en una categoría única, dificultad inmanente al hecho de ser un observador en este tiempo, los géneros se confunden, se mimetizan. Así, el Huésped no tiene la pretensión de ser una novela profética ni futurista. La propuesta de Gary Daher Canedo no construye el mundo que evoluciona hacia el final ideal de la utopía y tampoco se deja abrumar por el pesimismo que comportaría imaginar una disutopía. Podría ser una crítica al Estado total, pero como el escenario se recorre hacia un no-lugar cumpliendo con una temporalidad en la que todo podría rozarse, esa posibilidad pierde importancia. El mundo creado en El Huésped no está ubicado en el tiempo, es un presente que se toca con este otro desde ese no-lugar del que lo único que sabemos es que no es realidad sino para los seres que la habitan.
Lo cierto es que con El Huésped el corpus literario boliviano se amplía con una obra que si en algo nos recuerda a los albores de alguna literatura fantástica, las recreaciones que logra sobre ella y la estructura que le da soporte son actuales. Me animo a decir más, creo que El Huésped nos arrastra hacia la deriva postmoderna de la imaginación que ha sido descrita por muchos como ámbito de apertura, heterodoxia, expansividad, negación, descreación, desmitificación, ruptura y, sobretodo, despedida de los grandes relatos legitimadores, esperanzadores o triunfantes.
Y como en lo postmoderno está todo lo que puede existir a partir de lo moderno, Gary Daher Canedo construye desde las bases de la literatura fantástica, desde la reflexión acerca de la economía del poder al interior de las organizaciones sociales, desde la reflexión de lo humano singular en la experiencia del vivir. Desde la negación de lo absoluto en las concepciones de lo temporal y de lo espacial. Su discurso narrativo da cuenta de la historia de la novela con una continuidad aparente pero también va tejiendo un cuerpo que respira aires sorpresivamente cambiantes en espacios que se amplían empujando las fronteras de la imaginación y de lo formal. En mi primera lectura tuve la sensación permanente de estar viendo una película.
Junto a la negación de propuestas absolutas, en El Huésped, lo que se asume es la soledad de los hombres frente a sí mismos. Y ésta quizá sea la única gran propuesta de la novela, develada para mí con mayor claridad en su estructura.
El transcurso de la evolución narrativa se da como en un laberinto, cada apertura es paso hacia un nuevo obstáculo a vencer en busca de la salida inmediata. En un laberinto hay que ir hacia el centro y atravesarlo para encontrar la salida última, y su noción comporta la de extravío. Se encuentra el camino en la medida en que uno se abandona al hecho de estar perdido. Pero la soledad y la determinación necesarias para internarse y avanzar por un laberinto suponen un estado iniciático.
Así, los quiebres dados en los cambios de escenario tienen una relación con el simbolismo de los nombres elegidos para algunos capítulos, nombres que se corresponden con las imágenes de los naipes del Tarot. Este es un tema en el que empezaré a indagar gracias a El Huésped. Con las reducidas lecturas que tengo al respecto no voy sino a permitirme divagar un poco y hacer un guiño a los lectores. Lo mismo que en el simbolismo relacionado con el laberinto, pareciera que las figuras del Tarot se corresponden con los grados de un sistema de iniciación. Según Jung el proceso de individuación o la creciente conciencia de sí mismo abarca la vida entera, será este el motivo por el cual la novela de Gary Daher Canedo no nos propone una resolución de final feliz sino el reencuentro con la infinita soledad irremediable aun en el amor. Conocer, aceptar y avenirse con esta condición humana quizá sea la única manera de poder recorrer y resolver los laberintos, remitiéndonos a la alegre levedad con que Steiner nos recuerda que todos y cada uno de nosotros no somos sino huéspedes en el misterium tremendum de la vida."
Agosto, 2004.

"Desde el costado del mundo" Henry Trujillo.

Henry Trujillo, Premio Anual de Literatura - Uruguay 2004.
"Un hombre común llega a un aeropuerto donde nadie habla su idioma, y se interna en un parque donde los senderos, que se bifurcan, lo internan en un edificio que confunde con un hotel, y que finalmente descubrirá como una cárcel. O mejor, como un mundo aparte, una serie interminable de habitaciones por las que se puede transitar para quedar siempre en el mismo sitio. Tal es el comienzo de El huésped, la novela del escritor boliviano Gary Daher Canedo.
El mundo de El huésped parece cerrado sobre sí mismo. Y a pesar de ello, o por ello mismo, se trata de un espacio infinito. Un lugar sin límites –el recuerdo de Donoso tal vez no sea una casualidad- que termina teniendo un extraño parecido a la vida cotidiana, a la de todos los días, a este infierno trivial que a veces confundimos con el paraíso.
También un lugar de confluencias. La historia de El huésped remite a leyendas varias, algunas que se hunden en los abismos de la historia humana. Ciertos momentos parecen fragmentos de Las mil y una noches: el héroe que en su odisea desemboca en un palacio habitado por mujeres, un lugar de descanso y de reparación de fuerzas agotadas, y también el lugar donde reencuentra a la mujer soñada, aquella a la que está destinado a perder. Pero más tarde aparecen remembranzas de los relatos de la salvación en sus innumerables versiones. El propio personaje es investido, por otros habitantes de ese extraño edificio, con los atributos de un Mesías. Él también es hijo de alguien que antes, en algún momento, transitó por ese sitio, dejando un mensaje de esperanza. Y como en el evangelio, se hace presente la duda acerca de la validez de tal investidura.
Atravesando estas líneas, siempre están presentes los puentes hacia el universo borgeano: desde el fragmento inicial, donde las elecciones del héroe lo conducen a encontrarse con su propio destino, hasta la incertidumbre sobre cuál es el universo real, aquél donde los seres humanos somos dueños de nuestras vidas y no simples marionetas de un mecanismo incomprensible pero no por eso menos eficiente. Por supuesto, la sombra de Kafka recorre buena parte de la historia. ¿Acaso este hombre que intenta descifrar un mundo incomprensible, donde es al mismo tiempo libre y sometido, no tiene un aire de familia, por así decirlo, con Joseph K.?
Entonces, ¿qué sentido darle a esta novela? Quizás no sea aventurado afirmar que es una novela entrañablemente latinoamericana. Precisamente por su raíz universal. Quizás sea en este costado del mundo, en este margen, donde la condición humana se revela en toda su fragilidad: la vida como un tránsito fugaz sobre la tierra, quién sabe hacia dónde. Es tentador pensar que el propio Kafka vivió también en un margen: el de Europa central en los comienzos del siglo XX. Y puestos a pensar de esta forma, viene a la mente el recuerdo de El lugar , la notable novela del uruguayo Mario Levrero. También allí un hombre se despierta en un edificio donde el escape parece imposible. Por cierto, la temática del encierro y el escape no es exclusivamente latinoamericana, o marginal, pero, ¿no es desde la orilla del mundo donde el mundo se puede contemplar mejor?."

"El huésped de Gary Daher Canedo" Marcelo Paz-Soldán.

Marcelo Paz Soldán, Director de la Fundación Patiño, Cochabamba - Bolivia.
Para tratar de explicarnos los motivos, o explicárselo a él mismo, Daher crea varios mundos que existen simultáneamente a los que denomina colmena, asignándoles, para diferenciarlas, un número, pudiendo una persona ser transferido de una colmena a otra.
El Huésped es la nueva novela, o última como dirían los americanos, de Gary Daher Canedo (1956). En ella, el autor busca las claves que explican la naturaleza misma del ser humano, tratando de esta forma de descifrar su propia existencia. Las preguntas en las que gira la novela son hasta hoy válidas y no tienen una única respuesta o una definitiva y concluyente: qué hacemos en el mundo, qué hago yo en el mundo, es la muerte el fin de la vida, o no es más que la continuidad de la vida, o, simplemente, otra forma de vida.
Para tratar de explicarnos los motivos, o explicárselo a él mismo, Daher crea varios mundos que existen simultáneamente a los que denomina colmena, asignándoles, para diferenciarlas, un número, pudiendo una persona ser transferido de una colmena a otra.
Las colmenas más importantes son la 922 y la 1211. La 922 es, aparentemente, el mundo que conocemos y vivimos en la que se tiene esposa e hijos y la 1211 es una colmena más avanzada. Las personas van gradualmente pasando de colmena a colmena y no dan saltos grandes. El paraíso es la colmena 7777.
El personaje central, Rodríguez, se encuentra en un viaje laboral y cree que está en Kiev, Ukrania. Sin embargo, pronto se da cuenta que al hotel al que supuestamente ha llegado, un edificio interminable y vacío, no tiene entrada ni salida y que ha sido trasferido de la colmena 922 a la 1211 (no se entiende cómo Rodríguez ha podido ser transferido de una colmena que no sea la 1210). Rodríguez, de quien inicialmente sospechaban los misteriosos habitantes del hotel es un ilegal (que transita de colmena en colmena), descubren que es un legal que ha reemplazado a Margus, antiguo compañero sentimental de Irene.
La colmena 1211 está gobernada por un Comité, dirigida por Oldcrome, en la que existe un grupo de subversivos liderados por Danaris, al que rápidamente se integra Rodríguez en busca de respuestas. Los subversivos se reúnen en el bar clandestino Santo y seña, hacen contrabando de quesos y tienen escuelas de mística, lo que está prohibido y condenado por el Comité, así como los libros de fantasía y poesía ya que las consideraban la cosa más absurda y negligente pues uno de los alojados escribió sobre la mortalidad, lo que aparentemente en esa colmena no ocurre, sino que los individuos son transferidos a otro mundo/colmena, a la inmediata superior.
La colmena 1211/hotel está dominado por las transferencias, las voces interiores y el sistema de abastecimiento, como las luces que son indestructibles e incontrolables (menos el bar, refugio que carece de energía desde siempre).
La historia se vuelve más compleja cuando Rodríguez descubre que su padre había visitado la colmena en la que él ahora se encontraba, siendo que éste había muerto diez años atrás.
Este continuo recorrer de Rodríguez por los pasillos del hotel se relaciona con la figura de Escher que ilustra la portada, reconocido por la creación de obras que dan la sensación de infinito, que continúan, que están inconclusas, aunque sabemos que no es así. En la colmena 1211 sus habitantes son guiados por voces interiores, las que les indican el camino. Nada más cómodo, es decir, si tuviéramos una voz interior que nos diga dónde debemos ir, nos evitaría cometer muchos errores, ser más perfectos, menos humanos, más máquinas. Pero la desesperación que le causa a Rodríguez vivir en un mundo guiado por voces interiores, hace que éste busque la salida (o las respuestas) de la colmena, como queriendo regresar a su mundo, aparentemente inferior; luego a Rodríguez le implantarían en la Congregación de salud la voz interior.
Rara vez uno se encuentra con este tipo de novelas filosóficas en la que el protagonista puede ser uno mismo y su búsqueda interminable de respuestas, tarea que probablemente esté condenada a un rotundo fracaso.
Queremos encontrarnos, queremos descubrirnos, queremos hallar respuestas a nuestra presencia en este mundo que posiblemente se encuentren en el viento, como canta Bob Dylan cuántas muertes sucederán hasta que él sepa que mucha gente ha muerto. La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento (how many deaths will it take till he knows that too many people have died? The answer, my friend, is blowin" in the wind)."

"Pasajero de la angustia": Juan Claudio Lechín.

Juan Claudio Lechín, Finalista Rómulo Gallegos 2005 - Bolivia.
"No he visto en la literatura latinoamericana un escenario tan críptico como el escenario con que Gary Daher envuelve a Rodríguez, su personaje. Normalmente hacemos alarde de nuestra exuberante naturaleza o bien pendulamos hacia la subjetividad como entorno. Pero un enorme hotel de encierro, donde se puede entrar pero no se puede salir —y que ahora que Daher lo plantea es ciertamente un lugar ideal para cualquier trama—, resulta fundador. Sólo he sentido la misma turbación leyendo a Lovecraft.
La primera sorpresa, una especie de transposición de tiempo o lugar, quién sabe, es cuando Rodríguez ingresa a esta mole de concreto, pero a diferencia de las plantas cazadoras de insectos que esperan con ansia al visitante, esta prisión o manicomio, sus habitantes e incluso sus rigurosos estamentos también desconocen la presencia de Rodríguez. El carcelero está tan sorprendido como el atrapado. Los habitantes de ese vientre desconocen nuestro mundo.
A través de la novela, unos y otro se decodifican, unos y otro se enfrentan o encuentran para describirse, para entenderse. No puedo dejar de pensar que el ser humano para conocer debe reconocer. Por eso un marciano o un extranjero, tantas veces descritos, siempre serán desconcertantes. Y si bien la carnalidad, el esqueleto de Rodríguez no es diferente de los habitantes de esa colmena, su presencia descoloca a un mundo perfectamente contabilizado. ¿Cómo llegó Rodríguez?, se preguntan ellos. ¿Cómo llegué?, se pregunta él. Ni siquiera tiene una habitación asignada y, resulta pues obvio dentro del universo creado por Daher, tampoco tiene ración de alimentos ni puede escuchar las voces que dirigen a ese pueblo. Si bien hablan el mismo idioma, no pueden comprenderse plenamente. La palabra “aeropuerto”, como muchas otras que Rodríguez conoce, es para ellos apenas un ruido sin significado. Y las rememoranzas que cuenta son fábulas para Irene, Danaris, Josefina, Owlox, Búxom, Erwest, Clevers, en fin, para todos.
Pero más allá de los conceptos de vida que destila esta aventura, y que nos cuenta fundamentalmente de la incomprensión, la trama se desarrolla con destreza. Rodríguez hace amigos, se enamora de Josefina y se enfrenta a los que dirigen ese mundo, sobre todo a las atemorizantes Corporaciones de Salud y de Alimentos. Sin embargo, y como todo hombre plagado de angustias debido a la incomprensión, a la sensación de no pertenecer, no se adecua y busca salir. La obsesión de volver a Itaca, a casa, al mundo que conoce lo moviliza sin descanso, y esta dinámica contagia a varios que deciden seguirlo. Mientras Rodríguez quiere volver a lo conocido, los otros quieren avanzar hacia una promesa. Así huyen y se internan en las mazmorras, en los pisos donde están las industrias de alimentos, los engranajes de la máquina de arriba y los contrabandistas. Al final y luego de una serie de peripecias dramáticas Rodríguez consigue salir, pero lo hace sólo. Los demás, entre ellos Josefina, se han ido quedando atrapados por las nefastas Corporaciones o han defeccionado por el miedo de última hora.
A diferencia de las tramas que terminan cuando el héroe consigue el objetivo, El Huésped , prosigue para mostrar que a sólo pasos de la realización puede yacer el horror. Y ese horror de su propio mundo convence a Rodríguez de regresar al hotel de encierro solamente porque allí está Josefina. Rodríguez ha aprendido, en esos pocos días fuera del cautiverio, que la verdadera libertad es el amor."

"El huésped" Marcia Mogro.

Marcia Mogro, Poeta - Santiago, Chile.
"Perturbadora y singular, la novela El Huésped de Gary Daher nos invita a un viaje íntimo y excepcional, una travesía hacia el vacío, un viaje introspectivo en búsqueda de la identidad.
El Huésped es una novela arriesgada y muy atractiva, dado el panorama general de la novela boliviana. Una experiencia literaria que seguramente estimulará y cautivará al lector. El libro es provocativo e interesante, sobre todo porque desafía los temas comunes y escapa de la eterna temática social, indigenista o política que se ha tomado gran parte de la literatura durante tantos años (con valiosas excepciones).
La lectura de El Huésped implica arriesgarse a una experiencia distinta, dejarse conducir por un recorrido con leyes propias que pueden desembocar en algo absolutamente diferente a lo que se espera, en situaciones que son paradójicamente las más crudas de las realidades, en acciones, pensamientos y palabras que van conformando un mundo desconocido que se devela de manera casi imperceptible.
En esta novela, lo que se cuenta y sucede, parece incierto, cambiante, vacilante. Es precisamente aquí donde radica uno de sus encantos; como en un sueño van pasando cosas, pero la realidad primera del relato es absolutamente cotidiana y simple: Rodríguez, el protagonista, busca alojamiento y llega a un hotel -¿imaginario?- de pasillos interminables, escaleras que se pierden en la oscuridad, puertas a medio abrir, ventanas equivocadas, conversaciones que nunca terminan de completarse sino que se escapan para descomponerse en fragmentos, separados de un contexto dentro del cual cobran múltiples sentidos. Se trata de un espacio que sirve como escenario para una narración novedosa y que engancha al lector tanto por la curiosidad como por la manera de ser presentada: tal como si nada extraordinario sucediese -y solamente el lector y Rodríguez captaran la rareza de la situación- el relato se desarrolla casi en su totalidad en un estado de ensoñación.
La escritura de Gary Daher es sutil y envolvente. Va seduciéndonos dentro de los laberintos de la trama, del modo de ser de sus personajes, del ámbito donde se desarrolla, logrando dejarnos irremediablemente atrapados en la magia de los acontecimientos. Pero además, resulta interesante el hecho de que el complejo tejido que se esconde debajo del relato lineal y diacrónico, ofrece la posibilidad de múltiples lecturas, configurando entonces, una novela atractiva para un público diverso. Daher plasma con lucidez la emergencia de nuevas miradas personales y culturales. Evidencia cómo esa nueva mirada es capaz de trazar un recorrido que contempla un novedoso registro de la literatura boliviana en particular, logrando así ser universal." Febrero, 2006.